La estrategia de la madeja de lana en la familia

Mujer con el agua hasta el cuello

Cuando cambias las forma de ver las cosas, las cosas que ves cambian.

Max Plank

Hace muchos años llamé a una psicóloga conocida porque quería recomendarla para atender a una persona de mi conocimiento. Me hizo unas pocas preguntas sobre la situación y sin dudarlo me dijo: “yo no inicio un tratamiento con nadie en medio de una crisis.” Me sentí confundida y un tanto molesta. ¿El destino de alguien en crisis es el de hundirse sin remedio? ¿Podemos o aprendimos a darnos cuenta del momento adecuado para ocuparnos de los problemas a tiempo?

Con estas preguntas en mente, mucha metáfora y algo de mi baúl de experiencias fui configurando esta nueva entrada en el blog que espero disfrutes.

Con el agua al cuello

Desde mi compromiso con la salud y el prójimo, sigo pensando que alguien tiene que hacerse cargo de la ayuda y, en lo que de mí depende, lo intento. Al mismo tiempo y desde la experiencia de varios años de trabajo, entiendo mejor el punto de vista de aquella psicóloga. Porque en medio de una crisis no se puede pensar bien y el trabajo del profesional se hace casi imposible. Dicho esto, pasaré a iluminar un poco mejor el punto.

Hace muchos años vino a consultarme una mujer que trabajaba de guardavidas. Ella me contó que a causa de la desesperación, es común que la persona que se está ahogando se aferre de tal modo al guardavidas que es capaz de ahogarlo también a él. Por este motivo, los guardavidas son entrenados, incluso, para aturdir con un golpe al que se está ahogando; porque la intensidad emocional del miedo que esa situación le genera lo lleva a un estado de irracionalidad que solo puede ser interrumpido de esa manera.

Esto es lo que suele suceder cuando se trata de las relaciones familiares. Es muy común que las personas consulten recién cuando el agua les llega al cuello y están todos a punto de ahogarse. En esas circunstancias, la intensidad de las preocupaciones no ayudan para nada. Abordan las cosas al modo de manotazos de ahogados y eso no permite avanzar a nadie, ni a la familia ni al profesional que ha sido invitado a colaborar.

Lo urgente es enemigo de lo posible

Las personas tienden a creer que el problema es la crisis. No es así, la crisis es la consecuencia de una sumatoria entrelazada de problemas y de lo que no se ha hecho antes. Por lo tanto, siempre que haya voluntad de mejora, tarde o temprano, algo habrá que hacer para aprender de lo que está pasando. Caso contrario, no hay remedio.

Los problemas familiares conviven en madeja y enredados. Existe la fantasía generalizada acerca de que pueden arreglarse de un día para el otro. No es así. Cualquiera que tenga amigos con familia podrá constatarlo. Por este motivo, el mayor desafío que hay que atravesar para poder encararlos radica en la capacidad para superar dos grandes obstáculos: la urgencia (el factor tiempo) y las expectativas (casi siempre) irreales.

El combo urgencia + expectativas irreales hace que los padres y las madres se frustren muy rápido cada vez que se dan cuenta de que no existen soluciones mágicas. Comienzan a saltar de un profesional a otro y sólo consiguen atrasar o empeorar la situación.

En este punto, es importante agregar que el aprendizaje significativo comienza recién después de la crisis, no durante. El trabajo realmente creativo, la posibilidad de ver con otros ojos y apuntalar el cambio sucede cuando la sensación de estar en medio de la tormenta amaina y va creciendo la confianza en que las cosas van a mejorar. Es fundamental distinguir entre lo urgente y lo necesario. Salir de la coyuntura y apuntar al proyecto de vida.

La estrategia de la madeja de lana

Cuando “las papas queman” en la familia, mi recomendación y estrategia de trabajo es la misma que se usa para desenredar una madeja de lana que se ha enredado.

¿Alguna vez trató de desenredar rápido algo que estaba muy enredado? Si es así, se habrá dado cuenta de que si tiraba con fuerza de cualquier lugar sólo empeoraba las cosas. Provistos de tiempo y paciencia, hay que ir tirando un poquito de cada lado para comenzar a ver por donde pasa cada hebra, evaluar las relaciones y darle sentido a cada movimiento. Por un rato se tiene la sensación de tarea imposible pero, de pronto, todo se aclara y el proceso comienza a desenvolverse con facilidad. Uno comienza a notar que cada movimiento se vuelve eficiente y que todo fluye cada vez más rápido, sin tironeos y sin que haga falta cortar las hebras. Porque en familia, eso de cortar por lo sano no sirve.

Evita que la madeja se enrede demasiado

En caso de que sientas que hay cosas que quisieras mejorar en tu familia y no quieres “que el agua le llegue al cuello” te recomiendo lo siguiente:

–  Pon atención en esos (todavía) pequeños problemas cotidianos de convivencia que se repiten demasiado a menudo. Piensa en esas situaciones de “baja frecuencia” ante las cuales descubres que no tienes respuesta y que, además, suelen llevarte a lugares o modos de actuar que hubieras preferido no transitar.

–  Una vez que las ha detectado, ocúpate a tiempo, no postergues. Tener problemas no es el problema. Sería maravilloso si no tuviéramos problemas, pero la vida perfecta es sólo una ilusión y los problemas son parte inevitable del vivir. El peor de los problemas es no poder reconocerlos y dejar que las situaciones escalen a crisis inmanejables y provoquen sufrimiento y peleas.

–  Busca ayuda y ten la disposición de aprender. No estás fallado o fallada, simplemente aprendiste otras cosas y esto que te pasa ahora te invita a explorar otras alternativas, a ampliar tu percepción y a ver desde nuevos puntos de vista.

–  Eres el adulto responsable y tienes los mejores recursos para abordar lo que está pasando. Eres quien tiene la autonomía económica y el potencial intelectual y emocional para reflexionar y aprender. Si en tu hogar aconteciera un problema de finanzas, no esperarías que sean tus hijos quienes se ocupen de arreglar las cosas. Según el caso, te sentarías solo o con tu pareja, evaluarían y planearían cursos de acción y quizás, después, incluirían a sus hijos para que sepan lo que pasa y colaboren en lo que de ellos depende. En mi experiencia, cuando son los adultos los que asumen el problema, el cambio ocurre, es duradero y todos salen más crecidos de la experiencia.

No pretendas arreglar todo de una vez. Recuerda la metáfora de la madeja enredada. Como los problemas de convivencia están todos interconectados, cuando comiences a trabajar sobre una cosa, enseguida aparecerán otras más asociadas a ese problema. Se necesita tiempo y paciencia.

Y para finalizar, otra anécdota. Hace muchos años Rosana Pozzato, una mujer y madre que asistía al espacio grupal,  de crianza sintetizó de manera brillante lo que se ha dicho hasta aquí:

Al principio, venía con un problema y me iba con diez y eso me provocaba cierta frustración. Sin embargo, con el tiempo, aprendí a ver como todas esas cosas estaban conectadas. Ahora puedo definir más rápidamente la situación, pienso mejor y me veo mucho más eficaz al abordar lo que pasa.

Estás bienvenido a contribuir con tus comentarios.

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Los castigos no ayudan

niño_abrumado

“La solución a los problemas de los adultos de mañana depende en gran medida de cómo nuestros hijos crecen hoy.”

Margaret Mead

Existe la creencia generalizada acerca de que aplicar castigos es un recurso eficiente a la hora de remediar “un supuesto impulso psicológico que sería la causa por la cual alguien actúa mal”. Siempre me sorprende la persistencia de esta idea, la fuerza con que está arraigada en la sociedad, a pesar de que la realidad siempre ha demostrado su inutilidad, más bien empeora las cosas. Vean, por ejemplo, lo que sucede con los niños, las niñas o los/las jóvenes que entran los institutos de menores o al sistema carcelario.

Por este motivo, me entusiasmó compartir aquí el aporte de un artículo escrito por Jared Keller  titulado Unhelpful Punishment (La inutilidad del castigo) que aporta referencias neurocientíficas que respaldan la idea de las desventajas del castigo.

Estrés tóxico

El 3 de mayo de este año, un grupo de investigadores y educadores, reunidos en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, argumentaron que ciertas conductas problemáticas pueden ser el resultado de una respuesta biológica profundamente arraigada en lo que designan como estrés tóxico y que los intentos de controlar esas conductas con más disciplina y castigo sólo empeora las cosas: se suma más estrés a un sistema de por sí estresado.

El artículo original sólo alude a la situación de niños, niñas y jóvenes pobres que asisten a las escuelas públicas de los EEUU. De mi parte, al margen de que la pobreza es, sin duda, un factor que puede incrementar la fragilidad del sistema relacional que lo provoca, considero que las condiciones que describen pueden darse en todo tipo de contexto económico/social,.

¿Cómo se origina el estrés tóxico?

Esta condición está asociada a lo que denominan como experiencias infantiles adversas  (ACEs, por sus siglas en inglés) tales como el abuso o el maltrato físico y emocional, el abandono, la enfermedad mental de los padres o una estructura familiar inestable.

Trabajos recientes han demostrado que la persistencia de estas experiencias adversas (como consecuencia de los estados de pánico, depresión y ansiedad que atraviesan) no solo afectan a la salud emocional y mental sino que también producen trastornos a nivel biológico. No se trata del estrés relacionado con lo que coloquialmente se relaciona con ‘situaciones difíciles’.

¿A qué se alude cuando se hable del estrés tóxico?

El estrés tóxico es un término más clínico para aludir a la confluencia de consecuencias orgánicas y psicológicas como resultado de una constante e implacable avalancha de experiencias traumáticas. Como lo explica Keller,

cuando las hormonas del estrés, como el cortisol, permanecen persistentemente elevados durante demasiado tiempo, el tamaño y la arquitectura neuronal de la amígdala cerebral, el hipocampo y la corteza prefrontal comienzan a cambiar rápidamente, afectando comportamientos importantes como la función ejecutiva, la memoria y las respuestas emocionales.

El artículo sugiere que es fundamental asumir la gravedad del estrés tóxico, dado que la agobiante tortura emocional y física en que viven algunos niños y niñas termina cobrándole su fortaleza al sistema inmunológico, debilita la atención y transforma la arquitectura del cerebro humano. Se manifiesta en la forma de déficit cognitivo, trastornos emocionales, problemas de aprendizaje, junto con la multitud de disfunciones conductuales.

De acuerdo a minuciosos estudios realizados por el Dr. Jack Shonkoff y Deborah Phillips en su estudio “From Neurons to Neighborhoods“ (Desde las Neuronas hacia los Vecindarios)

El comportamiento escandaloso en las clases escolares entre los estudiantes de bajos ingresos – desde la intimidación compañeros de estudios hasta el desafío agresivo a las figuras de autoridad – puede ser menos una llamada de atención y más el resultado probable de una transformación neurobiológica.

Por lo tanto, sepamos que imponer disciplina en las escuelas en base a castigos solo intensifica las tensiones en un organismo con poco resto para soportarlas. Según la investigación, el cerebro conserva una importante plasticidad durante los primeros años de vida y esto le brinda al organismo un cierto nivel de resistencia neurobiológico a la hora de enfrentar dificultades. Pero cuando los niños, las niñas y los jóvenes que padecen estrés tóxico se encuentran en la necesidad de enfrentar “un ambiente escolar draconiano se apaga cualquier esperanza de un respiro neurológico a los problemas en sus casas”.

Desarrollarse como persona

Queda claro, entonces, que el castigo escolar no hace más que retroalimentar un círculo vicioso: replica las condiciones de producción tensión e incrementa sus consecuencias negativas:

Los estudiantes etiquetados por sus maestros con la marca de las ‘manzanas podridas’ encuentran seriamente disminuidas sus oportunidades para transitar un entorno neurobiológico sano, dando lugar a situaciones que solo sirven para perpetuar su experiencia de estrés tóxico y, a su vez, su comportamiento no deseable.

Cuando los educadores no incluyen la idea de que un arrebato puede ser una respuesta incontrolable al trauma y aplican sanciones, refuerzan la idea de la mala conducta como una falta moral o personal. Estas situaciones tienen el agregado de ser vergonzantes, y los estudiantes se ven expuestos de manera humillante ante su comunidad de pares y ante las figuras de autoridad, creando también las condiciones para la producción del chivo (o los chivos) expiatorios de la clase y el bullying.

Al reforzar un entorno de vergüenza y fracaso los profesores, con demasiada frecuencia, agudizan aún más la espiral de estrés tóxico que comenzó en el hogar bajo la suposición de que, en fin, él es un “mal chico”.

Y todavía más – “Un niño expuesto a estas tensiones no está predestinado a tener una vida difícil”, dice la doctora Mary Bassett, … El problema es que “la salud pública está demasiado enfocada sólo en la ‘supervivencia de los niños’. Un niño necesita no sólo sobrevivir, sino desarrollarse.”

¿Qué hacer?

Sumando mi experiencia a lo sugerido en el artículo, estas son algunas acciones posibles para contrarrestar los efectos del estrés tóxico en los niños y las niñas que lo padecen y para todos los estudiantes, porque el castigo no le sirve a nadie y porque todo niño o niña que asiste a la escuela se merece este tipo de trato y contexto.

  • En primer término, que haya un cambio importante en la conversación en torno a la mala conducta.
  • Reconocer que la raíz profunda de este problema va más allá de solo cuestiones psicológicas.
  • Generar contextos de seguridad emocional y confianza mediante una fuerte empatía emocional.
  • Sostener un ambiente positivo y nutritivo acompañado de claros mensajes de reconocimiento.
  • Asesoramiento individual para los estudiantes con problemas de relación y terapia de grupo pequeño para ayudar a reforzar las habilidades sociales y la estabilidad emocional.
  • Contar con trabajadores sociales involucrados en las aulas que puedan concentrarse en la restauración de las función ejecutiva – esencialmente, para dar tiempo a las siempre plásticas partes del cerebro debilitadas por el de estrés tóxico para reiniciar el sistema y aumentar la resiliencia frente los desafíos que enfrentan en el hogar.

Educadores que hacen la diferencia

No siempre sabemos lo que los chicos viven en sus hogares. Los padres que maltratan no lo cuentan. La intensidad de los problemas hogareños no siempre nos llega claramente. Lo que los educadores sí vemos es el efecto de lo que probablemente estén padeciendo los chicos y las chicas en casa y nos invade un compasivo deseo de ayudar.

Aquí quiero decir que no podemos cambiar la vida entera de los chicos, pero sí podemos cambiar y mejorar lo que sucede en la escuela, cambiar la manera en que pensamos la vida en las escuelas, lo educativo y nuestra manera de hacer las cosas. Y vale la pena intentarlo. Durante mis años de trabajo he visto a una enorme cantidad de personas que, siendo estudiantes, tuvieron la bendición de cruzarse con algún profesor/a o maestro/a que, gracias a su trato, sus propuestas de trabajo y sus palabras, les aportaron un reflejo bien diferente, ampliado y hasta mejorado de sí mismos e hicieron enormes diferencias en sus vidas.

Invito a quienes hayan tenido maestros o profesores que hayan hacho una diferencia beneficiosa en sus vidas las compartan en sus comentarios.

Padre, hijo y un cappuccino

Youngest_Barista

“…observé que los niños aprenderán a hacer lo que quieren aprender a hacer.”

Sugata Mitra

Hace unos días, Sergio Venuto, un amigo brasilero, compartió un video y lo acompañó con un texto que cualquier adulto que convive con niños pequeños debería tener en cuenta.

El video nos presenta a un padre y a su hijo preparando un cappuccino de manera profesional. El idioma del video es el inglés y también está subtitulado en ese idioma. Sin embargo, estoy segura de que aunque no hables inglés vas a poder apreciar la actividad e imaginar lo que conversan. Antes de seguir leyendo, te invito a que veas el video.

https://www.youtube.com/watch?v=nsbZjFBKmUQ

Imagen_video_cappuccino

Hacer juntos

¿Te gustó? ¿Qué te pasó cuando lo viste? De mi parte, apenas terminé de verlo y de leer el comentario que agregó Sergio me dije: “esto merece un post en el blog”.  Según Sergio, no hacía falta su permiso para publicar lo que escribió, porque estaba allí para el dominio público. Sin embargo, quiero agradecerle, porque así funciona el conocimiento: si él no hubiera abierto el juego yo no estaría escribiendo esto en este momento. Como dice David Perkins, pensar y conocer no son actividades que se realizan en solitario, se trata de “la persona-más”.

Estas son sus reflexiones de Sergio:

1 – La vivencia del hijo con la familia en las actividades diarias, en el trabajo…

 

2 – El aprender a partir del simple hecho de poder hacer juntos. Esto vale para el preparar un café y para cualquier otra actividad. De aquí la relevancia del alterdidactismo (aprender con otro) en lugar de la enseñanza.

 

3 – Cuanto más participan los chicos de nuestras actividades, más se adaptarán los lugares para que ellos puedan hacer más cosas y con más seguridad. De este modo, se vuelven partícipes del proceso creativo de cómo el lugar pude llegar a ser. Es un círculo virtuoso que minimiza/elimina la barrera de “eso no es para los chicos, eso es para el adulto”.

 

4 – Las relaciones humanas cambian profundamente en ambientes donde los chicos conviven con nosotros. Llegamos al punto de llegar a tener miedo de tener hijos por no saber cómo cuidar de ellos! Cuanta más convivencia, menos de este miedo.

 

5 – En este tipo de ambientes, los niños nos invitan a rever los “apúrate”, “la agenda de los padres” (en la que pautan compromisos sin considerar la inclusión de los chicos en sus elecciones) y “la agenda de los chicos” (con actividades reguladas y que no les dejan tiempo libre para fluir de acuerdo a su propia voluntad), “la gentileza”, “el cuidado del otro”, “el tiempo para el otro”, etc., etc., etc.

 

Por lo tanto, mis amigos, quién sabe si este video pueda no solo tocar sus corazones por su belleza intrínseca, sino que también pueda incentivarlos a revisar sus lugares de trabajo, sus hogares y los ambientes que frecuentan de modo tal que puedan contemplar las actividades de los chicos. Quién sabe, quizás el desorden y la tercerización de la crianza puedan llegar a ser profundamente resignificados. ¡Todos agradecidos!

Hemos corrido a los niños de la vida cotidiana.

Eso no es bueno. Cuando son pequeños, todos los chicos del mundo juegan a que son el papá y la mamá, en casa o en el trabajo o donde sea que nos ven. Nos clonan todo el tiempo y aprenden de qué se trata la cultura en que viven y cómo se vive en ella.

Rudolf Steiner decía que la actividad principal en los primeros años de vida es imitar, motivo por lo cual recomendaba no enviar tempranamente a los chicos al jardín de infantes, sino que debían permanecer en familia participando de todas las actividades diarias. Hasta no hace demasiado tiempo, en Argentina, el jardín de infantes iniciaba formalmente a los 4 años. Antes de esa edad, los chicos estaban en casa, iban a la plaza o jugaban con parientes y niños vecinos.

A pesar de las necesidades laborales, las complicaciones de vivir en ciudades grandes o de los compromisos sociales, tenemos que hacernos tiempo para estar en casa y compartir y disfrutar haciendo juntos lo que sea que haya que hacer. No son actividades de segunda categoría; debemos evitar burocratizarlas y relegarlas al estatus de “lo que hay que hacer y terminar rápido” para pasar a otra cosa.

Por ejemplo, no vayas a comer afuera. Ir a un restaurante no reemplaza el cocinar juntos, jamás. No se trata de salir o de comer, se trata de lo que sucede cuando hacemos las cosas juntos: charlamos, hacemos bromas, aprendemos cómo lo hacen otros, inventamos… Eso es lo que más desean los hijos y así es como se sienten incluidos y aprenden lo que necesitan saber para vivir sus vidas y cómo es una vida buena, que es la vida que se con-vive.

El currículo de la familia

El 31 de enero de 1991 John Taylor Gatto recibió el galardón de Maestro del Año de Nueva York. Este premio le fue otorgado durante tres años consecutivos. En esa ocasión pronunció su famoso discurso ¿Por qué la escuela no educa?  Si ponemos atención al año en que Gatto decía lo que dijo, no nos cabe ninguna duda de que no estoy inventando la pólvora con lo que escribo. En un momento de su disertación esto dijo :

La familia es el principal motor de la educación. Si utilizamos la escolarización para separar a los niños de sus padres – y no nos confundamos, esa ha sido la función central de las escuelas desde que John Cotton lo anunció como el propósito de las escuelas de Bay Colony en 1650 y Horace Mann lo declaró como el propósito de las escuelas de Massachusetts en 1850 – vamos a continuar con el espectáculo de horror que tenemos ahora. El currículo de la familia está en el corazón de cualquier buena vida, nos hemos alejado de ese currículo; es hora de volver a el. La forma de devolver la salud a la educación es que nuestras escuelas se liberen del dominio absoluto de las instituciones sobre la vida familiar, es promocionar durante el tiempo de escolarización confluencias de padres e hijos que fortalezcan los lazos familiares.

Hay familias donde todos aprenden a vivir buenas vidas y hay familias que son un horror. La familia no garantiza nada por sí misma. Pero para quienes estamos interesados en mejorar el manual de ser familia que aprendimos de nuestros padres, el video y los comentarios de Sergio Venuto son una inspiración, sin dudas. Yo me inspiré, espero que vos también.

Los 7 pecados contra la infancia – Dr. Daniel Becker

Daniel_Becker

El verdadero carácter de una sociedad se revela en el trato que da a los niños. 

~ Nelson Mandela

Esta cita de Nelson Mandela fue la elegida por el Dr. Daniel Beckerpara introducir la magnífica charla TEDxLaçador durante el mes de mayo pasado en la ciudad de Porto Alegre de Brasil. Allí planteó la paradoja de lo que sucede en su país:

Nuestros hijos son lo más precioso, queremos el bienestar de ellos a cualquier costo, daríamos nuestra vida por ellos. Sin embargo, nuestros chicos están siendo muy maltratados por la sociedad. En verdad, esto exige una reflexión, exige que pasemos a proponer cambios.

Si pensamos en los chicos más pobres de Brasil, que son la mayoría, de acuerdo con los criterios de Mandela tenemos un pésimo carácter, pues les negamos a ellos derechos básicos, como salud, vivienda, educación, alimentación, los tratamos con violencia y, si ellos se rebelan, ofrecemos a ellos la prisión.

Durante la charla se refirió a los 7 pecados capitales que estamos cometiendo contra la infancia. Pecados capitales que afectan tanto la vida de los chicos pobres como la de los ricos.

1 – Privación del nacimiento natural y del amamantamiento.

La cultura de la cesárea hizo que las mujeres lleguen a creer que el parto normal es la cesárea y que el parto normal es nocivo, doloroso, peligroso. Esto genera muchos males a las criaturas.

Lo mismo sucede con el amamantamiento materno. “La mujer quiere amamantar a su criatura pero, muchas veces, se ve que a los dos meses ya ha sido destetada.” Se ha llegado a pensar que la leche materna es lo mismo que las fórmulas para mamadera. Dice Daniel Becker: “Esto sucede, en gran parte, por causa del nombre que elige la industria para sus marcas: ‘Pro’, ‘Premium’, ‘Supreme’, y por la publicidad que realizan con los médicos. ­­En argentina es ‘Premium’, ‘Nutrilon’, ‘Vital’, ‘Pro’. Como ven, se trata de los mismos fabricantes y operan con idénticas estrategias de marketing.

2 – Tercerización de la infancia.

Los padres disponen de muy poco tiempo por motivos laborales y compromisos de diverso tipo. Por este motivo, los niños están siendo dejados en jardines maternales o al cuidado de niñeras.

Y pierden un tiempo que es maravilloso: la convivencia con los hijos. Los niños pierden la convivencia con las personas más importantes de su vida. La convivencia es aquello que nos enseña la intimidad, la capacidad de estar junto, el amor, la experiencia de estar cuidado por alguien, la sensación de conocer profundamente a alguien.

3 – Intoxicación de la infancia.

Como los padres tampoco tienen tiempo o disposición para cocinar, cambian la comida nacional brasilera, que es muy saludable, por comida chatarra, rica en grasas, sal y azúcar, que viene de la comida industrializada y congelada. “La obesidad y la diabetes están estallando en la infancia.” Dice que están “adictas” a ese tipo de comidas e “incapacitadas” para comer comida saludable.

4 – Confinamiento y distracción permanente.

Los padres tienen miedo de dejar salir a los hijos y pasan hasta 8 horas por día conectados a aparatos electrónicos. Este confinamiento impide que ellos tengan un momento de conciencia, de vacío, de tedio.

La distracción permanente impide momentos de conciencia, de vacío. El tedio es fundamental en la infancia. Porque el tedio y el vacío son la cuna de aquello que es más importante para nosotros: la creatividad y la imaginación. Y nosotros estamos amputando esto de nuestros hijos.

5 – Mercantilización de la infancia y consumismo infantil.

Los chicos están expuestos a 4 horas de publicidad por día. Los chicos son masacrados por la publicidad, por los valores del consumismo y son “más expertos por lo que reciben de la publicidad de lo que reciben de parte de los profesores. El fin de semana no van al parque, van al shopping … Y esa publicidad es cobarde, explota la incapacidad de los niños para distinguir entre fantasía y realidad, explota el amor que tienen por los personajes haciendo que se enamoren de productos tóxicos y que adopten valores como el consumismo obsesivo, la hiper-valorización de la apariencia, la frivolidad.” Y la publicidad que apunta a los adolescentes va a desembocar en el consumo de alcohol.

6 – “Adultización” y erotización precoz de la infancia.

Gran parte de los niños pasan sus vidas con una agenda llena de compromisos dado que sus padres desean que sean muy competitivos y adultos exitosos. Con ironía, agrega que “para relajarse de ese estrés precisan, además, de una hora de meditación.” Entonces pregunta al público –en tanto acompaña lo dicho con un balanceo–, si acaso no sería muy bueno que estuvieran en la plaza y hamacándose: “mira el cielo, mira el suelo… mira el cielo, mira el suelo”.

Al fenómeno de la “adultización” se agrega “una erotización que usa a las niñas de 7 ú 8 años para vender productos de moda; una erotización basada en el machismo, una identificación de las niñas y de las mujeres en la valorización excesiva de la apariencia y, peor, una disociación de la sexualidad del amor y del afecto. Esto les llega directamente a las niñas, deformando sus cabezas cuando tienen 8 o 10 años.”

7 – Entronización y sobreprotección de la infancia.

Otra vez más, con ironía, Daniel Becker comenta que pareciera que los padres le tienen miedo a los hijos: ellos pasan a ser los reyes de la familia y no miembros de ella. Los padres imaginan que su ausencia puede ser compensada siendo permisivos. Hace un juego de palabras diciendo que le dan a los hijos “presentes en lugar de presencia” y terminan perdiendo autoridad (presente en portugués significa regalo).

Los padres se interponen entre la experiencia de los hijos y el mundo haciendo lo que ellos quieren; no tienen experiencia de la vida y, por lo tanto, no desarrollan mecanismos para enfrentar la frustración, el dolor y las dificultades. Ciertamente, el mundo se las va a entregar a ellos más tarde.

Así las cosas, los niños y niñas se vuelven pendencieros, obesos, enfermos, les va mal en la escuela, hiperactivos. No pueden concentrarse y, para arreglarlo, cometemos el peor de todos los pecados: La medicalización de la infancia.

 

El tiempo y el espacio, las variables para el cambio

Como forma de enfrentar estos pecados el Dr. Daniel Becker propone una solución que pasa por realizar cambios sobre estos dos factores: tiempo y espacio. En el caso del tiempo, sugiere que los padres estén presentes en la vida del hijo en por lo menos 10% del tiempo en que están levantados. En un cálculo general, esto representa 1,40 hora por día de dedicación a los hijos.

En relación al espacio, la sugerencia es la de estar cerca de la naturaleza. “La convivencia con el espacio abierto va a apartarlos de las pantallas, va a reducir el consumismo y el materialismo excesivo, va a promover el juego libre (el que, al mismo tiempo, va a generar inteligencia, humor y creatividad), va a generar convivencia entre las familias, va a promover el contacto con el aire, el sol y el verde, y va a reducir todos los problemas de la infancia.”

* Daniel Becker es un Médico Pediatra Brasilero, especialista en homeopatía y Master en Salud Pública, en el área de promoción de la salud. Fue pediatra de la organización Médicos Sin Frontera en campos de refugiados en Asia y en 1993 fundó el CEDAPS – Centro da Promoção da Saúde – (Centro de Promoción de la Salud), una ONG con fuerte actuación social en comunidades populares. Conferencista y consultor de órganos gubernamentales, empresas y organizaciones internacionales, trabajó en más de 23 países.