Algo explota en el aire

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Escena I – En una clase de inglés

Una profesora de Inglés está en su aula con los chicos trabajando en grupos. El telón de fondo es ese bullicio natural de gente interactuando, conectada, motivada, cada quién en lo suyo, fluyendo.

¡BAM!

Algo explota en el aire.

Es energético, no es captado fácilmente por el pensar consciente, pero algo acaba de cambiar: entra “la maestra de grado”, dueña y señora del aula y con la premura insufrible de una consulta intrascendente.

Sin embargo, es la maestra de inglés quien está dando clase en ese momento. Claro, es profesora de las llamadas materias “especiales”. En nuestra tradición cultural son materias que “complementan” la educación y en las escuelas públicas no son necesariamente vistas como la prioridad del sistema educativo.

Retomo, algo explota en el aire. Por encima de la presencia de la profesora de inglés y como si ella no estuviera allí grita: “¡Silencio chicos!”. Unos minutos después, la maestra de grado se va contenta.

El efecto de desconectar emocional e intelectualmente a todo el grupo al servicio del control ya ha rendido sus frutos.

Escena 2 – En un espacio de contención y acompañamiento a niños y niñas de familias con carencias económicas y afectivas.

Los chicos y chicas están, relajados y contentos, sentados en ronda en el piso del salón. Están comentando y planeando el desarrollo de una muestra de cierre de las actividades realizadas en el año. Charlan tranquilos con una colaboradora que los acompaña en la realización de actividades artísticas. Charlan y descansan, más no descansan ni su pasión ni su interés. La mayoría de los ellos ha pasado la mañana en la escuela y este es un espacio que ha sido destinado para fortalecerlos, para cuidarlos. Un espacio para expandir sus fronteras de lo posible y para que se sientan queridos.

¡BAM!

Entra en escena una mujer que trabaja en el lugar y dice imperativa: “¡Vos, sentáte bien!” Todo esto en tanto pasa caminando en su tránsito casual por el salón, dado que se dirige a otro lugar.

¿Para qué? ¿Quién la llamó? Más aún, ¿qué es sentarse bien? Vuelvo a sentirme sorprendida por esta estúpida asociación entre ‘el modo de sentarse’, ‘el respeto’, el ‘prestar atención’ y ‘el aprender’ que hacen casi todos los adultos puestos en alguna posición pedagógica o de cuidado infantil.

Otra vez el flujo del vivir ha sido interrumpido. El emperador impera y el orden imperante se impone. Porque las idea de imperar y ordenar, también vienen juntas.

La matriz de la escolarización esteriliza nuestras almas.

Las ha colonizado y las sigue colonizando. La maestra y la empleada han hecho muy bien su tarea, controlar para disciplinar y disciplinar al servicio de la esterilidad.

Eso es lo que estamos produciendo a raudales: seres vitalmente esterilizados.

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