La familia del vecino siempre se ve más verde

Imagen de un hermoso parque

La mayoría de los padres y las madres suelen creer que solamente ellos tienen problemas con sus hijos e hijas y que los demás lo tienen todo resuelto.

Cuando comencé a facilitar talleres para familias, entre bromas y sonrisas, los asistentes confesaban su alivio al descubrir que a los otros les pasaba lo mismo. Y con los años estos comentarios siempre se repetían. Por suerte, también descubrían que sus hijos e hijas no eran tan monstruosos como pensaban, jeje.

Todas las familias, en algún momento, tienen que lidiar impotentes con los berrinches o la falta de colaboración de sus hijos. Casi todos los padres y madres se sienten inseguros a la hora de poner límites por temor a ser autoritarios. Todos los hermanos se pelean y hay que aprender cuándo no intervenir y cómo hacerlo cuando hace falta. Esta lista puede seguir, pero mejor me detengo aquí.

Vos, tu vecino, los padres de los compañeros de tus hijos de la escuela, somos todos seres humanos que compartimos una misma cultura. Como habitantes de ese común ecosistema de ideas, valores y comportamientos, sabemos que hay cosas que hacemos bien y otras que no. Como seres humanos que somos, también debemos admitir que nunca lo sabremos todo y que, por suerte, tenemos una enorme capacidad de aprendizaje y una red de gente alrededor (aunque no lo creas) que puede saber hacer lo que vos y yo no sabemos.

 

El pasto del vecino siempre parece más verde porque no lo vemos de cerca.

Durante muchos años pasé mis vacaciones en una casa que tenían mis padres en Atlántida, Uruguay. Ellos, con sus propios hijos ya crecidos, aprovechaban para disfrutar la época tranquila y suave del mes de marzo. Como en invierno la casa no se habitaba demasiado y el parque no tenía suficiente riego, al arrancar el verano el jardín se veía fatal. Decidí, entonces, que cuidar del jardín iba a ser la mejor manera de agradecer a mis padres por las bondades del lugar, quería que al momento de su estadía de marzo lo pudieran disfrutar bien lindo, bien verde.

Así fue como descubrí, manguera en mano, la veracidad del refrán. Desde mi jardín, el pasto de mi vecino siempre se veía más verde.

Pero con el paso de los años me hice amiga Winston, mi vecino uruguayo, el del jardín tan verde y tan lindo. Y al visitar su casa hice un segundo descubrimiento: su jardín se veía más verde, simplemente, porque lo veía de lejos. Incluso, considerando el hecho de que él lo cuidaba todo el año, no era lo mismo verlo de lejos que de cerca. 

De paso, aprovecho el momento para que este recuerdo sirva como merecido reconocimiento a mi querido Winston Rodríguez, a su calidad de persona y amigo (que ya no está en este mundo) y a quien mi hijo y yo nunca olvidaremos.  

Y volviendo al tema, he aquí que lo mismo pasa con otras familias que conocemos (no todas, por supuesto). Nos parecen más funcionales, probablemente, porque no compartimos su día a día cotidiano. Desde la lógica del recato, de la sana reserva de la intimidad, ni vos, ni yo, ni nadie suele comentar por fuera del hogar todo lo que nos pasa o preocupa puertas adentro.

 

A veces el césped del vecino no nos parece más verde, está mas verde.

Aunque son muy pocas, existen algunas familias que han heredado de sus propios padres unas saludables experiencias de crianza y cuando las conocemos no nos pasan desapercibidas. Pero como dijo Virginia Satir (y cito de memoria), en todos sus muchos años de profesión le sobraban dedos de sus manos a la hora de contar las familias funcionales con las que trabajó.

También suelo ver que a muchos padres y madres ni se les ocurre pensar que si otros se manejan mejor ante los problemas familiares, esto sucede porque ya han consultado con algún especialista. Debes saber que ese papá y/o esa mamá, ni nacieron iluminados ni tienen hijos santos que no les dan problemas, simplemente ya aprendieron algunas cosas que vos también podrías aprender.

También veo que muchos padres ocultan, como si se tratara de algo vergonzoso, el estar haciendo una consulta o el mismo hecho de no saber qué hacer. Como si fuera un defecto enredarnos en las relaciones, como si las noticias de todos los días no nos demostraran, sin disimulo alguno, lo poco que sabemos acerca de la buena convivencia. Ir un poco más allá de lo que ya hacemos bien vale la pena. 

Incluso Lionel Messi entrena todos los días. Nadie es bueno en lo que hace si no hace nada para serlo.

 

Aprender es parte del proceso de estar vivos

Como padre o madre siempre vas a encontrar desafíos de crianza que no podrás anticipar y que no sabrás bien cómo abordar. Pero en tanto los asumas como parte del proceso de vivir y no como un defecto personal que hay que encubrir, esos problemas te ayudarán a evolucionar de modos impensados, a vos y a tus hijos. Porque ellos, tus hijos y tus hijas, lo quieras o no, aprenden todos los días de qué se trata la convivencia a partir de cómo nosotros, sus padres y sus madres, la abordamos a diario en la familia. Seguro que alguna vez has sido testigo de como niños y niñas de 3 años ya copian a la perfección a sus padres y madres los papelones que a veces les han hecho pasar. Ni hablar si trabajás en un jardín de infantes!! 

Todo lo que hagas para mejorar se integrará, automáticamente, al repertorio de opciones de vida de tus hijos; ellos van a saber que hay otras maneras de ser familia y de resolver los problemas de relación.

Esto me trajo a la memoria a una mujer que atendí hace muchos años. Me contó que desde muy joven tenía bien en claro que quería ser madre. Algunos años después concretó su deseo y el nacimiento de su hijo le llegó con el inevitable baño de realidad que le mostraba que el proceso de ser madre (vale para los padres, obviamente) recién empezaba. Se estaba dando cuenta de que el nacimiento de su hijo era solo el primer paso de un largo camino de placeres y momentos felices y también de dolores de cabeza y aprendizajes.

Desear ser madre o padre y ponerle todo el cariño y garra a la tarea no es lo mismo que saber cómo hacerlo todo o garantía de que no se presentarán problemas. Como dije más arriba, Messi también se entrena todos los días.

 

Entonces, como primera regla de crianza, no te compares! 

A lo sumo, sacá provecho de la comparación cada vez que te demuestre que hay algo que podrías mejorar. Si hay algo que te preocupa, buscá ayuda y aprendé lo que hace falta para resolver tu problema. Nadie va a regar ni desmalezar tu jardín por vos. Los grupos de crianza, los espacios de orientación familiar, los talleres para familias, los libros sobre crianza o cualquier otro tipo de consulta, a tiempo, siempre es la mejor respuesta y siempre vas a a salir ganando.

Tus comentarios son súper bienvenidos. Y si lo que leíste te pareció interesante te agradezco que compartas en tus redes. 

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Autor: Lia Goren

Interesada en el enfoque de las relaciones humanas desde la perspectiva de redes y la complejidad, el pensamiento sistémico, la ecoalfabetización y la biología cultural. Terapeuta y consultor familiar y educativo abocada a la temática de la convivencialidad y la sostenibilidad. Capacita en el Enfoque EcoMind, una síntesis de su trayectoria y las ideas y prácticas que favorecen la vida en comunidad.

2 comentarios en “La familia del vecino siempre se ve más verde”

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