La Señorita Elvira

Dos flores de girasol

La voluntad de reparación en los seres humanos es poderosa y tarde o temprano rinde frutos.

Hace unos años me di cuenta de que mi vida había tomado el rumbo de aprender a hacer y de dar a otros lo que “La señorita Elvira” me había dado a mí cuando tenía 10 años de edad.

Era un día en el que planeaba cómo presentarme en este blog. Pensé que un recorrido guiado por lo que había estudiado podría ordenar lo que quería escribir. Estaba decidido, comenzaría a partir de mi primer título profesional, mi título de Maestra.

“Pero esperá un poco”, me dije, “vos nunca trabajaste de Maestra de escuela”. Así fue cómo me di cuenta, sorprendidísima, de que los motivos que me hicieron rechazar la idea de trabajar como maestra eran los mismos que hoy enfocaban (y enfocan) mi interés, lecturas y trabajo.

Como estudiante, solo había disfrutado de estar en la escuela cuando cursé el 5º grado de primaria. Ese año tuve una maestra de la que nunca olvidé su nombre. Ella fue La Señorita Elvira Paulina García de García, así se llamaba. Daba gusto estar en el aula, en la escuela, en la vida. Ese año le ponía garra y entusiasmo a todo lo que hacía.

De vez en cuando la vida
toma conmigo café
y está tan bonita que da gusto verla.
Se suelta el pelo y me invita
a salir con ella a escena.

Joan Manuel Serrat

Ese año me encontré con una “mi misma” que desconocía y que me gustaba mucho. Creo que en ese tiempo nacieron una esperanza y una persistencia secretas que nunca me abandonaron.

Ese aprendizaje profundo que vive más allá de las palabras, que nace de la experiencia vivida, me hizo entender que la manera en que los adultos se relacionan con los niños y las niñas define todo un mundo de posibilidades o imposibilidades para ellos.

La Señorita Elvira había plantado la semilla

La relación con La Señorita Elvira me ayudó a comprender que crecer y aprender puede ser apasionante cuando nos sentimos emocionalmente seguros, cuando nos sentimos validados y queridos como personas antes que por nuestra obediencia o el resultado de lo que hacemos.

Todo adulto tiene el poder de hacer algo que significará una diferencia en la vida de los niños y los jóvenes.

Con esto no digo nada nuevo, solo reafirmo mi convencimiento de que somos los adultos los que tenemos la capacidad para reflexionar sobre lo que hacemos, responsabilizarnos, aprender lo que hace falta y hacer una diferencia en las personas que tenemos cerca y en al mundo que habitamos. Porque como dije hace poco, el futuro de los niños somos los adultos.

 

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Autor: Lia Goren

Interesada en el enfoque de las relaciones humanas desde la perspectiva de redes y la complejidad, el pensamiento sistémico, la ecoalfabetización y la biología cultural. Terapeuta y consultor familiar y educativo abocada a la temática de la convivencialidad y la sostenibilidad. Capacita en el Enfoque EcoMind, una síntesis de su trayectoria y las ideas y prácticas que favorecen la vida en comunidad.

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