Soy porque el otro existe

El niño que cree que puede ser por fuera de su relación con los demás
Crédito de la imagen: @Tute.dibujante (Facebook) @TuteHumor (Twitter)

Necesitamos de los demás para ser nosotros mismos. — San Agustín

Hace un ratito vi esta viñeta en Facebook y me resultó una muy bien ilustrada oportunidad para aclarar algunas ideas relacionadas con la crianza y la educación.

Muchas dificultades en la familia y en las escuelas tienen en su base este fallo de comprensión. Es cierto que ese niño es una persona diferente de su madre y que, con el paso de los años va asumiendo cada vez más grados de autodeterminación y realizando lo que quiere para sí mismo. Sin embargo, en un sentido profundo, la creencia de que puede “ser” sin su mamá o cualquiera otra persona de su vida es errónea. Como dice Esko Kilpi

La identidad se construye a partir de estar en relación, estando conectado, en contraste con la corriente de opinión predominante de la identidad a través de la separación. El conocimiento de uno mismo y del otro llega a ser visto como co-construido.

Si la mamá más toda la red de personas con las que se entrelaza la vida de un niño o una niña no existieran no podrían desarrollar su personalidad. Y no solamente porque necesitan del afecto, la palabra y los cuidados físicos y emocionales que los adultos u otros pares pueden darle, sino porque la cotidiana interacción con esos otros es la que le devuelve la idea de quien es, la idea de su propio valor, de lo que es o no capaz de hacer y hasta de la validez de sus propios sueños para el futuro. Si a un niño lo tratas de torpe, se creerá torpe, si le dices que lo amas pensará acerca de si mismo como merecedor de afecto y será también capaz de darlo.

La persona ya es red

La “relación con” es nuestra condición previa de humanidad. Si queremos mejorar la salud de la convivencia en la familia o en las escuelas tenemos que poner en el centro las relaciones y conversar en profundidad acerca de qué características toma una convivencia saludable y una que no lo es.

Esta idea de “ser” sin el otro, de individuo por sobre la de persona (enmarañada en una comunidad) es una falla conceptual que nos arruina la convivencia y nuestro futuro como humanidad. Como dice mi querido amigo Augusto de Franco:

El concepto de individuo -una caracterización biológica o una abstracción económica y estadística- tiende a perder sentido para dar lugar a la persona, que es, de hecho, quien existe como ser humano concreto.

Pero la persona ya es red. Nadie nace con tal condición, no basta ser un individuo de una especie, en términos biológicos, para ser humano.

Decir que para los seres humanos “en el principio era la red” significa decir que e necesario nacer (con-vivir) en una red (social) para tornarse humano.Aquél que es genéticamente humanizable solo consuma tal condición a partir de sus relaciones con personas (que ya fueron) humanizadas.

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Una joya guardada en un cajón

Hace varios años un padre me hizo una consulta preocupado porque su hija estaba muy deprimida. En tanto nuestra conversación avanzaba y el hombre reflexionaba sobre su propia vida, se dio cuenta de que él mismo se sentía como una joya guardada en el fondo de un cajón. Apremiado por las circunstancias cotidianas, mucho de lo que deseaba para su vida había quedado en el olvido.

Pensando en este evento, hoy diría que lo mejor de ese hombre quedó detenido a causa del tiempo que dedicamos a ‘lo que hay que hacer’. Todo lo que creyó que debía ser hecho primero para alcanzar la vida que ilusionaba hizo que dejara lo mejor de sí mismo en suspenso. Eso mismo le estaba pasando a su hija, había quedado atrapada en su deber ser, sin poder animarse a la vida. Esta frase quedó resonando en mi para siempre. Creo que todos nos sentimos un poco así, con algo brillante de nosotros que ha quedado relegado.

La convivencia es el lado opaco de la vida cotidiana

El recuerdo que acabo de compartir se relaciona con esta frase y que vino a mí como un flash, de repente, cuando pensaba cómo el día a día nos desdibuja a todos. Pensaba en la mejor manera de contarles por qué considero bueno, indispensable diría, invertir tiempo para experimentar y aprender acerca de la sana convivencia. Me preguntaba por qué parece redundante hablar de convivencia si al fin de cuentas la mayoría de la gente se siente bastante infeliz o torpe cuando de sus relaciones se trata.

Porque no nos engañemos, eso nunca lo vas a ver en las reuniones de amigos, ni en los muros de Facebook, ni en los ratos libres de las charlas de oficina o en la puerta de la escuela mientras esperas que salgan los chicos de sus clases. Todo lo complicado y difícil de la diaria convivencia está detrás de un vidrio muy opaco, acumulándose, pendiente y cada vez más cubierto de polvo y telarañas.

Así fue que también pensé en la vida de las personas famosas. En cuanto se corre un poco el telón del éxito, lo que solemos ver son despojos de personas.

Es interesante, este es un post escrito de atrás para adelante, porque estoy relatando el camino que recorrí hasta recordar lo dicho alguna vez por un hombre de quien ni siquiera recuerdo el nombre.

Y cuando pensaba en el éxito pensé también en las personas que trabajan en empresas. Pensé en lo tóxicos que son los ambientes de trabajo. Y pensé en sus vidas privadas y en el poco tiempo que les queda para vivir con sus hijos, para jugar o tener un hobby.

Entonces recordé algo que Humberto Martiotti decía en un artículo donde planteaba los desafíos que enfrenta al trabajar las relaciones en el ámbito empresario:

Una de las consecuencias de eso es nuestra conocida habilidad para lidiar con máquinas (que pueden ser desmontadas y vueltas a montar) y nuestra no menos conocida inhabilidad para lidiar con personas (que no pueden ser desmontadas, y mucho menos vueltas a montar).

Entonces voy llegando al punto inicial, al punto burocrático de nuestra vida cotidiana en todos los órdenes de nuestra vida occidental siglo 21. La obsesión permanente por lo que hay que hacer y en esa otra vida que queda en suspenso para el después de hacer lo que hay que hacer.

La felicidad llega cuando se acaba la rutina

Esto viene a cuento de un taller para padres sobre la felicidad en la familia que Inés Larrama y Guadalupe del Canto me pidieron realizar hace unos años. Obviamente no contaba con el polvo mágico del hada de Peter Pan ni podía hacer que alguno de los asistentes salga volando al pensar en un momento feliz, pero eso fue lo que les pedí: que piensen en un momento feliz de su infancia.

Fue fantástico! Me encanta plantear propuestas abiertas, porque resultan siempre más poderosas y novedosas de lo que yo sola podría imaginar. Fue un intenso y bello momento de investigación y aprendizaje compartido. Resultó que las situaciones que recordaban sucedían durante las vacaciones o en la semana en que los abuelos que vivían lejos venían de visita por muchos días. El común denominador era que la rutina cotidiana se quebraba, eran situaciones donde “lo que hay que hacer” pasaba a un segundo plano y todo se flexibilizaba.

A mi me encantó que pudiéramos aprender que la felicidad comenzaba cuando se acababa la rutina por el camino accesible con el que me gusta trabajar, a partir de la vida real. Al mismo tiempo, si deseamos pensarlo con los ojos puestos en la complejidad, tenemos que decir que la felicidad fue un emergente derivado de la posibilidad del sistema relacional de autoregularse gracias a que flexibilizaron las reglas del convivir habituales.

Insisto, la convivencia es el lado opaco de la vida cotidiana y el lugar donde habitan gran parte de nuestras desdichas y las dificultades para ser felices. Los invito a pensar en esto. Otro convivir es posible.

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Padre, hijo y un cappuccino

Youngest_Barista

“…observé que los niños aprenderán a hacer lo que quieren aprender a hacer.”

Sugata Mitra

Hace unos días, Sergio Venuto, un amigo brasilero, compartió un video y lo acompañó con un texto que cualquier adulto que convive con niños pequeños debería tener en cuenta.

El video nos presenta a un padre y a su hijo preparando un cappuccino de manera profesional. El idioma del video es el inglés y también está subtitulado en ese idioma. Sin embargo, estoy segura de que aunque no hables inglés vas a poder apreciar la actividad e imaginar lo que conversan. Antes de seguir leyendo, te invito a que veas el video.

https://www.youtube.com/watch?v=nsbZjFBKmUQ

Imagen_video_cappuccino

Hacer juntos

¿Te gustó? ¿Qué te pasó cuando lo viste? De mi parte, apenas terminé de verlo y de leer el comentario que agregó Sergio me dije: “esto merece un post en el blog”.  Según Sergio, no hacía falta su permiso para publicar lo que escribió, porque estaba allí para el dominio público. Sin embargo, quiero agradecerle, porque así funciona el conocimiento: si él no hubiera abierto el juego yo no estaría escribiendo esto en este momento. Como dice David Perkins, pensar y conocer no son actividades que se realizan en solitario, se trata de “la persona-más”.

Estas son sus reflexiones de Sergio:

1 – La vivencia del hijo con la familia en las actividades diarias, en el trabajo…

 

2 – El aprender a partir del simple hecho de poder hacer juntos. Esto vale para el preparar un café y para cualquier otra actividad. De aquí la relevancia del alterdidactismo (aprender con otro) en lugar de la enseñanza.

 

3 – Cuanto más participan los chicos de nuestras actividades, más se adaptarán los lugares para que ellos puedan hacer más cosas y con más seguridad. De este modo, se vuelven partícipes del proceso creativo de cómo el lugar pude llegar a ser. Es un círculo virtuoso que minimiza/elimina la barrera de “eso no es para los chicos, eso es para el adulto”.

 

4 – Las relaciones humanas cambian profundamente en ambientes donde los chicos conviven con nosotros. Llegamos al punto de llegar a tener miedo de tener hijos por no saber cómo cuidar de ellos! Cuanta más convivencia, menos de este miedo.

 

5 – En este tipo de ambientes, los niños nos invitan a rever los “apúrate”, “la agenda de los padres” (en la que pautan compromisos sin considerar la inclusión de los chicos en sus elecciones) y “la agenda de los chicos” (con actividades reguladas y que no les dejan tiempo libre para fluir de acuerdo a su propia voluntad), “la gentileza”, “el cuidado del otro”, “el tiempo para el otro”, etc., etc., etc.

 

Por lo tanto, mis amigos, quién sabe si este video pueda no solo tocar sus corazones por su belleza intrínseca, sino que también pueda incentivarlos a revisar sus lugares de trabajo, sus hogares y los ambientes que frecuentan de modo tal que puedan contemplar las actividades de los chicos. Quién sabe, quizás el desorden y la tercerización de la crianza puedan llegar a ser profundamente resignificados. ¡Todos agradecidos!

Hemos corrido a los niños de la vida cotidiana.

Eso no es bueno. Cuando son pequeños, todos los chicos del mundo juegan a que son el papá y la mamá, en casa o en el trabajo o donde sea que nos ven. Nos clonan todo el tiempo y aprenden de qué se trata la cultura en que viven y cómo se vive en ella.

Rudolf Steiner decía que la actividad principal en los primeros años de vida es imitar, motivo por lo cual recomendaba no enviar tempranamente a los chicos al jardín de infantes, sino que debían permanecer en familia participando de todas las actividades diarias. Hasta no hace demasiado tiempo, en Argentina, el jardín de infantes iniciaba formalmente a los 4 años. Antes de esa edad, los chicos estaban en casa, iban a la plaza o jugaban con parientes y niños vecinos.

A pesar de las necesidades laborales, las complicaciones de vivir en ciudades grandes o de los compromisos sociales, tenemos que hacernos tiempo para estar en casa y compartir y disfrutar haciendo juntos lo que sea que haya que hacer. No son actividades de segunda categoría; debemos evitar burocratizarlas y relegarlas al estatus de “lo que hay que hacer y terminar rápido” para pasar a otra cosa.

Por ejemplo, no vayas a comer afuera. Ir a un restaurante no reemplaza el cocinar juntos, jamás. No se trata de salir o de comer, se trata de lo que sucede cuando hacemos las cosas juntos: charlamos, hacemos bromas, aprendemos cómo lo hacen otros, inventamos… Eso es lo que más desean los hijos y así es como se sienten incluidos y aprenden lo que necesitan saber para vivir sus vidas y cómo es una vida buena, que es la vida que se con-vive.

El currículo de la familia

El 31 de enero de 1991 John Taylor Gatto recibió el galardón de Maestro del Año de Nueva York. Este premio le fue otorgado durante tres años consecutivos. En esa ocasión pronunció su famoso discurso ¿Por qué la escuela no educa?  Si ponemos atención al año en que Gatto decía lo que dijo, no nos cabe ninguna duda de que no estoy inventando la pólvora con lo que escribo. En un momento de su disertación esto dijo :

La familia es el principal motor de la educación. Si utilizamos la escolarización para separar a los niños de sus padres – y no nos confundamos, esa ha sido la función central de las escuelas desde que John Cotton lo anunció como el propósito de las escuelas de Bay Colony en 1650 y Horace Mann lo declaró como el propósito de las escuelas de Massachusetts en 1850 – vamos a continuar con el espectáculo de horror que tenemos ahora. El currículo de la familia está en el corazón de cualquier buena vida, nos hemos alejado de ese currículo; es hora de volver a el. La forma de devolver la salud a la educación es que nuestras escuelas se liberen del dominio absoluto de las instituciones sobre la vida familiar, es promocionar durante el tiempo de escolarización confluencias de padres e hijos que fortalezcan los lazos familiares.

Hay familias donde todos aprenden a vivir buenas vidas y hay familias que son un horror. La familia no garantiza nada por sí misma. Pero para quienes estamos interesados en mejorar el manual de ser familia que aprendimos de nuestros padres, el video y los comentarios de Sergio Venuto son una inspiración, sin dudas. Yo me inspiré, espero que vos también.

Los 7 pecados contra la infancia – Dr. Daniel Becker

Daniel_Becker

El verdadero carácter de una sociedad se revela en el trato que da a los niños. 

~ Nelson Mandela

Esta cita de Nelson Mandela fue la elegida por el Dr. Daniel Beckerpara introducir la magnífica charla TEDxLaçador durante el mes de mayo pasado en la ciudad de Porto Alegre de Brasil. Allí planteó la paradoja de lo que sucede en su país:

Nuestros hijos son lo más precioso, queremos el bienestar de ellos a cualquier costo, daríamos nuestra vida por ellos. Sin embargo, nuestros chicos están siendo muy maltratados por la sociedad. En verdad, esto exige una reflexión, exige que pasemos a proponer cambios.

Si pensamos en los chicos más pobres de Brasil, que son la mayoría, de acuerdo con los criterios de Mandela tenemos un pésimo carácter, pues les negamos a ellos derechos básicos, como salud, vivienda, educación, alimentación, los tratamos con violencia y, si ellos se rebelan, ofrecemos a ellos la prisión.

Durante la charla se refirió a los 7 pecados capitales que estamos cometiendo contra la infancia. Pecados capitales que afectan tanto la vida de los chicos pobres como la de los ricos.

1 – Privación del nacimiento natural y del amamantamiento.

La cultura de la cesárea hizo que las mujeres lleguen a creer que el parto normal es la cesárea y que el parto normal es nocivo, doloroso, peligroso. Esto genera muchos males a las criaturas.

Lo mismo sucede con el amamantamiento materno. “La mujer quiere amamantar a su criatura pero, muchas veces, se ve que a los dos meses ya ha sido destetada.” Se ha llegado a pensar que la leche materna es lo mismo que las fórmulas para mamadera. Dice Daniel Becker: “Esto sucede, en gran parte, por causa del nombre que elige la industria para sus marcas: ‘Pro’, ‘Premium’, ‘Supreme’, y por la publicidad que realizan con los médicos. ­­En argentina es ‘Premium’, ‘Nutrilon’, ‘Vital’, ‘Pro’. Como ven, se trata de los mismos fabricantes y operan con idénticas estrategias de marketing.

2 – Tercerización de la infancia.

Los padres disponen de muy poco tiempo por motivos laborales y compromisos de diverso tipo. Por este motivo, los niños están siendo dejados en jardines maternales o al cuidado de niñeras.

Y pierden un tiempo que es maravilloso: la convivencia con los hijos. Los niños pierden la convivencia con las personas más importantes de su vida. La convivencia es aquello que nos enseña la intimidad, la capacidad de estar junto, el amor, la experiencia de estar cuidado por alguien, la sensación de conocer profundamente a alguien.

3 – Intoxicación de la infancia.

Como los padres tampoco tienen tiempo o disposición para cocinar, cambian la comida nacional brasilera, que es muy saludable, por comida chatarra, rica en grasas, sal y azúcar, que viene de la comida industrializada y congelada. “La obesidad y la diabetes están estallando en la infancia.” Dice que están “adictas” a ese tipo de comidas e “incapacitadas” para comer comida saludable.

4 – Confinamiento y distracción permanente.

Los padres tienen miedo de dejar salir a los hijos y pasan hasta 8 horas por día conectados a aparatos electrónicos. Este confinamiento impide que ellos tengan un momento de conciencia, de vacío, de tedio.

La distracción permanente impide momentos de conciencia, de vacío. El tedio es fundamental en la infancia. Porque el tedio y el vacío son la cuna de aquello que es más importante para nosotros: la creatividad y la imaginación. Y nosotros estamos amputando esto de nuestros hijos.

5 – Mercantilización de la infancia y consumismo infantil.

Los chicos están expuestos a 4 horas de publicidad por día. Los chicos son masacrados por la publicidad, por los valores del consumismo y son “más expertos por lo que reciben de la publicidad de lo que reciben de parte de los profesores. El fin de semana no van al parque, van al shopping … Y esa publicidad es cobarde, explota la incapacidad de los niños para distinguir entre fantasía y realidad, explota el amor que tienen por los personajes haciendo que se enamoren de productos tóxicos y que adopten valores como el consumismo obsesivo, la hiper-valorización de la apariencia, la frivolidad.” Y la publicidad que apunta a los adolescentes va a desembocar en el consumo de alcohol.

6 – “Adultización” y erotización precoz de la infancia.

Gran parte de los niños pasan sus vidas con una agenda llena de compromisos dado que sus padres desean que sean muy competitivos y adultos exitosos. Con ironía, agrega que “para relajarse de ese estrés precisan, además, de una hora de meditación.” Entonces pregunta al público –en tanto acompaña lo dicho con un balanceo–, si acaso no sería muy bueno que estuvieran en la plaza y hamacándose: “mira el cielo, mira el suelo… mira el cielo, mira el suelo”.

Al fenómeno de la “adultización” se agrega “una erotización que usa a las niñas de 7 ú 8 años para vender productos de moda; una erotización basada en el machismo, una identificación de las niñas y de las mujeres en la valorización excesiva de la apariencia y, peor, una disociación de la sexualidad del amor y del afecto. Esto les llega directamente a las niñas, deformando sus cabezas cuando tienen 8 o 10 años.”

7 – Entronización y sobreprotección de la infancia.

Otra vez más, con ironía, Daniel Becker comenta que pareciera que los padres le tienen miedo a los hijos: ellos pasan a ser los reyes de la familia y no miembros de ella. Los padres imaginan que su ausencia puede ser compensada siendo permisivos. Hace un juego de palabras diciendo que le dan a los hijos “presentes en lugar de presencia” y terminan perdiendo autoridad (presente en portugués significa regalo).

Los padres se interponen entre la experiencia de los hijos y el mundo haciendo lo que ellos quieren; no tienen experiencia de la vida y, por lo tanto, no desarrollan mecanismos para enfrentar la frustración, el dolor y las dificultades. Ciertamente, el mundo se las va a entregar a ellos más tarde.

Así las cosas, los niños y niñas se vuelven pendencieros, obesos, enfermos, les va mal en la escuela, hiperactivos. No pueden concentrarse y, para arreglarlo, cometemos el peor de todos los pecados: La medicalización de la infancia.

 

El tiempo y el espacio, las variables para el cambio

Como forma de enfrentar estos pecados el Dr. Daniel Becker propone una solución que pasa por realizar cambios sobre estos dos factores: tiempo y espacio. En el caso del tiempo, sugiere que los padres estén presentes en la vida del hijo en por lo menos 10% del tiempo en que están levantados. En un cálculo general, esto representa 1,40 hora por día de dedicación a los hijos.

En relación al espacio, la sugerencia es la de estar cerca de la naturaleza. “La convivencia con el espacio abierto va a apartarlos de las pantallas, va a reducir el consumismo y el materialismo excesivo, va a promover el juego libre (el que, al mismo tiempo, va a generar inteligencia, humor y creatividad), va a generar convivencia entre las familias, va a promover el contacto con el aire, el sol y el verde, y va a reducir todos los problemas de la infancia.”

* Daniel Becker es un Médico Pediatra Brasilero, especialista en homeopatía y Master en Salud Pública, en el área de promoción de la salud. Fue pediatra de la organización Médicos Sin Frontera en campos de refugiados en Asia y en 1993 fundó el CEDAPS – Centro da Promoção da Saúde – (Centro de Promoción de la Salud), una ONG con fuerte actuación social en comunidades populares. Conferencista y consultor de órganos gubernamentales, empresas y organizaciones internacionales, trabajó en más de 23 países.

El altruismo no es opcional

Niños en bicicleta salvando a ET de la persecución de los burócratas gubernamentales

 

Austeridad, altruismo y autocontrol

Nos parece que podemos elegir entre ser egoístas o altruistas. Pero si examinamos la Naturaleza, encontraremos que el altruismo es una ley fundamental. 

Dr. Michael Laitman

¿De dónde me surge el tema del altruismo? En octubre del año 2004 estaba trabajando en el diseño de un taller para familias en el que conectaría el eje de la educación para el consumo con el de la educación en valores. Como parte del proceso de investigación sobre el tema, me di cuenta de que había tres valores que todo programa de educación para el consumo debería considerar: la austeridad, el autocontrol y el altruismo.

Pensando en lo poco claro que me resultaba a mí misma el concepto de altruismo -y lo olvidada que está en estos tiempos esta palabra- pensé que, probablemente, lo mismo podría sucederles a los padres y a las madres que iban a compartir conmigo la experiencia del taller.

Comencé entonces a rastrear en la web el tema del altruismo y di con un interesante y elegante artículo del R. Dr. Michael Laitman titulado “El altruismo no es opcional” del que transcribo algunos párrafos:

¿Podemos elegir entre ser egoístas o altruistas? 

Particularmente hoy día, el altruismo se ha tornado esencial para nuestra supervivencia. Se ha hecho evidente que todos nosotros estamos interconectados y dependemos uno del otro. Esta interdependencia ha dado lugar a una definición innovadora y precisa del altruismo: cualquier acción o intención que se origine en la necesidad de integrar la humanidad en una sola entidad es considerada altruista. Inversamente, toda actividad o intención que no se enfoque en unir a la humanidad es egoísta.


Nuestra oposición a las leyes de la Naturaleza es la fuente de todos los sufrimientos que presenciamos en el mundo. Y por ser el individuo el único que no las cumple, se puede concluir que es el único elemento corrupto dentro de ella.


El sufrimiento que vemos a nuestro alrededor no es únicamente el nuestro. Todos los demás niveles de la Naturaleza se ven afectados por nuestras actividades equivocadas. Si corregimos nuestro egoísmo transformándolo en altruismo corregiremos, por consiguiente, todo lo demás: la ecología, el hambre, las guerras y la sociedad en general.

Apasionarse por el bien común

Invito a pensar los espacios familiares y escolares, el lugar donde los niños conviven entre ellos y con los adultos, como lugares donde el altruismo materialice el lado viviente y amoroso de la red social.

Si por algo nos relacionamos es por motivos emocionales. La emoción que es eros, que sostiene las ganas de vivir y proyectarnos, se vincula con lo que nos apasiona y con la seguridad de estar siendo cuidados y considerados por quienes nos rodean. Apasionémonos entonces por el bien común, porque el altruismo lo hace realidad y todos salimos ganando. Como dice el Dr. Laitman:

Aunque pareciera que el único cambio que tenemos que hacer es considerar a los demás antes que a nosotros mismos, el altruismo, no obstante, trae consigo un beneficio adicional: Cuando pensamos en los demás nos integramos a ellos y ellos a nosotros.

Por esto mismo elegí una escena de la película de ET, El Extraterrestre (1982, dirigida por Steven Spielberg) para ilustrar este post. Esos niños construyeron para sí mismos una relación altruista, muy diferente de la cruel relación que los funcionarios de gobierno establecieron con ellos cuando descubrieron al niño extraterreste.

Ver a esa comunidad de niños humanos cargando al niño extraterrestre para ayudarlo llegar con su familia y ser ayudados luego a volar por el mismo niño a quien intentaban salvar de las garras de los burócratas me resulta un bello y elocuente ejemplo de una red altruista. ¿Quién lleva a quién?

Compartir no combina con competir

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Los niños comparten, los adultos compiten

Cuando comencé a escribir este post estaba un tanto enredada en el intento de conectar elegantemente las ideas que quería plantear. Decidí entonces hacer un rodeo y buscar la imagen para el encabezado.

Escribí la palabra compartir en el buscador de Google y algo llamó mi atención. Para chequear mi hipótesis, hice la misma búsqueda en inglés (sharing) y sucedió lo mismo. En las dos ocasiones, en estilo y contenido, las imágenes que predominaban al principio de la búsqueda se relacionaban con la infancia.  Sólo al bajar comenzaban a predominar imágenes relacionadas con la vida adulta.

Para avanzar en la hipótesis que estaba barajando, hice una búsqueda con la palabra competir en español e inglés. Sucedió al revés. Al inicio, las primeras opciones que me ofrecía el buscador apuntaban al mundo de los adultos y en menor proporción las destinadas a la infancia.

Hoy sabemos que los buscadores de internet ofrecen prioritariamente aquello que el público elige o utiliza con más frecuencia. Por lo tanto, podemos concluir que ponemos mucho esfuerzo en la virtud de compartir durante la infancia y que, a medida que crecemos, es la competencia la que va predominando como valor.

Compartir es bueno 

El origen de esta entrada del blog fue una publicación de Javier Martínez Aldanondo, Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria titulado Si no lo vivo no lo creo.  Allí, el autor refiere que el conocimiento es un intangible, lo reconocemos sólo por sus efectos. En el ámbito empresario, esto trae como consecuencia la dificultad para comunicar el beneficio de compartir el conocimiento entre los miembros de las organizaciones. Al respecto relata:

Semanas atrás, un cliente nos solicitó una actividad para que sus principales directivos pudiesen experimentar el impacto de gestionar el conocimiento. En el mundo del management y de las empresas, argumentar la valía de los intangibles no sirve. Es imprescindible demostrarla. […] De forma que para responder a la demanda de nuestro cliente, le propusimos una experiencia que garantiza comprobar la relación entre la gestión del conocimiento y la mejora del desempeño de las personas.

Cuando se habla de la gestión del conocimiento se alude a distintos tipos de actividades que permiten visibilizar y compartir lo que las personas de una organización saben. Así, todos pueden aprender de otros la mejor manera de hacer lo que hacen bien o encontrar, de manera colaborativa, la mejor manera de abordar problemas y crear las mejores soluciones para resolverlos.

Cuando se habla de la gestión del conocimiento se alude a distintos tipos de actividades que permiten visibilizar y compartir lo que las personas de una organización saben.

Valoro enormemente las experiencias de Gestión del Conocimiento porque aportan aprendizajes que favorecen cambios beneficiosos y profundos a la cultura del diálogo y la convivencia.

Compartir es cosa de héroes

En la línea de mi comentario al post de Martínez Aldanondo en Linkedin, considero que si el compartir conocimiento hubiera estado presente como práctica cotidiana en todos los ámbitos de nuestra vida desde que éramos niños y niñas, no habría demasiado que explicar a la gente del mundo empresarial.

En tanto la dinámica interaccional de las organizaciones esté regulada sobre un formato jerárquico (centralizado, vertical), por más tangible que se haga la ventaja de compartir, las resistencias a ello habrán de prevalecer. Desde el punto de vista de los intereses corporativos, el conocimiento tiene una ventaja estratégica para la empresa diferente de la que tiene para los empleados en términos personales.

El tope de la pirámide lo ocupan individuos, no grupos. Empresa y empleados no piensan el conocimiento de la misma manera porque no les conviene. Para los empleados, compartir el conocimiento no suele ser rentable. Diferenciarse para mejor y saber más que el otro es premiado, mientras el que comparte es un idiota, porque no asciende.

Martínez Aldanondo refuerza mi comentario cuando responde que

En efecto, las estructuras verticales no facilitan los procesos de intercambio y el flujo de conocimiento al interior de las organizaciones.

Los incentivos casi siempre premian el rendimiento individual y rara vez están puestos en la colaboración y en contribuir a mejorar el desempeño de otros individuos, equipos o áreas.

Ahora bien, el germen de esta cultura individualista hay que buscarlo en un sistema educativo que desde el inicio obliga a los niños a competir encarnizadamente entre si por las notas y los rankings. A partir de ese instante, colaborar y compartir conocimiento deja de ser una posibilidad y pasa a ser un acto heroico... (el resaltado es mío)

La cita anterior muestra con claridad lo que sucede al interior de las escuelas. En el ámbito educativo  se habla mucho de trabajo en equipo, de diversidad, de que el error es importante o de inteligencias múltiples. Pero “a la hora de los tantos”, lo que importa es el boletín. Y el boletín no entiende de grupos ni de diversidades. Así, el compartir va siendo cosa de idiotas o, como de manera más elocuente lo dijera Martínez Aldanondo, de héroes.

 

Nos humanizamos en la interacción

Julieta_e_hija

No dar todo por sentado

De entre las tantas citas que circulan por las redes, esta que me llegó hace unos días me resultó problemática en muchos sentidos, y también, una buena oportunidad para sentarme a escribir y compartir algunas ideas que considero importantes.

Aquí la cita:

No es nuestro trabajo dar forma a los niños, sino nutrir lo que ya son.  – Naomi Aldort

En primer lugar, quiero decir que comparto totalmente la idea de que no se trata de “formar” a los niños ni a nadie en este mundo. Lo sostengo desde hace muchos años y lo he dejado explicitado en los principios que guían mi enfoque de trabajo.

Sin embargo y en otro sentido, desde la mirada de la biología cultural, hoy sabemos que nos formamos en la interacción. Lo que circula en nuestras conversaciones, lo que hacemos en tanto convivimos, es lo que genera identidad. Todos hemos sido y somos constantemente formados en el decurrir de la historia de nuestras interacciones.

En el marco de la particular cultura que habitan, los niños van constituyéndose como personas a medida que establecen relaciones comunicativas y emocionalmente significativas con otras personas y con el medio. Por esto, no se trata de formar y sin embargo nos formamos en la convivencia. Un formarse que es un permanente transformarse. Estar vivo implica un estado de permanente cambio y aprendizajes.

Esto de formar tiene otras aristas

¿Cuál es la diferencia que quiero señalar? Los supuestos que están detrás de la palabra formar, los cuales definen las intenciones y las acciones de las personas.

Como adultos, hemos crecido bajo el paraguas de una lamentable metáfora que dice que los niños y las niñas son “una masa sin moldear”. Nada más patéticamente mecanicista y fabril que esta idea y nada más lejano al desarrollo de una vida digna y saludable. Desde esta perspectiva, formar es dar forma, como si de construir un auto se tratase. Como consecuencia, el adulto se asume a sí mismo como activo y el niño queda en una posición pasiva y con poco o ningún espacio para su autodeterminación y deseo.

Así, la convivencia con los chicos se transforma en un espacio de relaciones burocráticas: el adulto manda y vigila y el niño queda constituido en objeto en manos del adulto. El niño será lo que el adulto decida. El niño no sabe nada, está vacío, el adulto sabe y lo llena de contenidos y mandatos. Los chicos no tienen arte ni parte en la definición de su vivir y devenir, menos aún palabra.

En el marco de estas interacciones directivas y formativas, niños y jóvenes terminan constituyéndose como personas emocionalmente desconectadas, rabiosas y desanimadas, se sienten muy poco escuchadas y respetadas en sus deseos y sentires y nos lo hacen saber con fuerza. En tanto, los adultos no entienden por qué (y a pesar de sus “nobles intenciones”) nada de lo que hacen funciona; sienten impotencia y frustración y comienzan a convencerse de que aquel niño nació heredando el mal carácter de algún pariente lejano.

Establecer relaciones en las cuales los niños y las niñas se humanizan a partir de sus interacciones implica correr el eje de lo formativo y productivo hacia lo que sucede en el encuentro. Para conseguirlo, tenemos que aprender a escucharlos y brindarles espacios de elección personal.

  • Para escucharlos es imprescindible validarles la palabra, dar lugar a sus emociones y valorar sus deseos.
  • Darles espacios de elección requiere incluirlos con sus diferencias en el ámbito de la convivencia.
Nada queda fuera de la relación

Así como comparto la crítica a la idea de que criar es formar, no comparto el que se designe a los niños y las niñas como “lo que ya son”.

Nutrimos nuestra humanidad en las relaciones que establecemos con otros seres igualmente humanos. Si no fuera por las experiencias devenidas de las relaciones que los chicos establecen en la red vincular en la que habitan ‘no serían nadie’.

Como seres biológicos todos nosotros somos seres emocionales que habitamos en el lenguaje. Un niño o una niña que no se relaciona verbal y amorosamente con otras personas se deja morir, pues pierde el deseo de vivir. Así lo probó de manera trágica Federico II de Prusia en el S XII.

En las palabras de Dichan Dichtchekenian, vivir sin estar en relación con otros no tiene sentido para los seres humanos.

Afirmo que, desde siempre, el hombre es relación con, y que esa condición de relación no es una eventualidad, sino lo que le es dado al hombre en su existir. Entonces, vivir una relación no es una elección o una máximo de existencia que cada hombre vive, sino un acontecer originario en el cual el hombre se encuentra sumergido.

Dichan Dichtchekenian – Diálogo como camino para a casa do homem.

Estamos todos mutuamente determinados.
Estamos todos mutuamente determinados.
Si decimos que los niños “ya son”, entonces suponemos un estado previo al encuentro con su familia y comunidad. Podría desprenderse de esto, entonces, que los adultos no debiéramos hacer nada o hacer muy poco, porque ellos “ya son”. Esto no tiene sentido, porque como he aprendido con Augusto de Franco, una vez que el niño o la niña ha nacido ha quedado inscrito como un nodo más de la red de intercambios con su familia y comunidad. Todo lo que allí suceda habrá de darle un contexto que irá determinando quién es y de qué se trata su mundo.
El cambio en la calidad de vida de los chicos no se trata de una cuestión dilemática acerca de si formamos lo que creemos que no son o si nutrimos lo que creemos que ya son. El cambio en la manera de criar y educar resulta del cambio en la manera de convivir.
Se trata de un cambio en el modo en que nos encontramos, en el modo en que nos reconocemos, en el modo en que coordinamos nuestros haceres. Todo esto se manifiesta en el modo como conversamos.

Alguien se hace miembro de una cultura  – al nacer o al incorporarse a ella como joven o adulto – en el proceso de aprender la red de conversaciones en el curso del vivir como miembros de ella.

Y continúa diciendo que las culturas

cambian cuando una nueva manera de vivir como una red de conversaciones comienza a conservarse de manera transgeneracional …

cambian cuando el emocionar-actuar comienza a ser parte de la manera corriente de incorporación de los niños en esa comunidad y éstos la aprenden al vivirla

Si queremos un mundo mejor, ya no sea para nosotros pero sí para las próximas generaciones, la tarea de cambiar es nuestra responsabilidad.
Los blogs nacieron para dar a conocer ideas y estimular conversaciones.
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