Sé bueno

Testimonios

A la hora de aprender a vivir una vida con sentido, pocas cosas hay más poderosas que los testimonios de vida de otras personas. Tienen el valor de la verdad y de ser algo que es posible de ser hecho por cada uno de nosotros.

Cuando era más joven era muy común escuchar a las personas decir cosas como estas: “por qué habría de hacer esto o aquello si igual nadie más lo va a hacer”, “qué pude cambiar que haga algo entre tanta gente que no hace nada” o el clásico “eso no es para aquí”.

Honestamente, y para decirlo en pocas palabras, con una mentalidad así estamos fritos desde el vamos.

En el cine y las series podemos encontrar a ese héroe o heroína, muchas veces solitarios, capaces de enfrentar y hacer lo que el común de los mortales no podemos hacer. Sí, sí, todo muy lindo. El problema con esas historias es que, sin quererlo, nos dicen que eso no es para nosotros, nos dejan impotentes. A menos que fuéramos Superman o la Mujer Maravilla nada podremos hacer contra el mal o las catástrofes de cualquier índole.

En cambio, cada vez que somos testigos de alguna buena acción o actitud en la que está involucrado alguien como uno, el vecino al rescate, la maestra de campo caminando horas para ir a dar clase, el señor que encontró la billetera y la devolvió… eso importa, si él o ella pueden yo también.

El cambio que precisamos no va a venir de arriba, lo hacemos entre todos.

Durante esta pandemia del Covid19, todos hemos visto cómo, aún con la amenaza de cárcel y costo en dinero, había personas que no eran capaces de ver al otro ni las consecuencias de sus acciones.

El cambio depende de la suma de pequeñas y valiosas acciones que todos podemos hacer. Como dije más arriba, ellas tienen el valor de la verdad y de ser algo que está al alcance de todos.

Por eso, hoy, te propongo dos cosas:

1
Sé más que bueno, sé todo lo bueno que puedas.

2
Compartí en tus redes, para dar testimonio, para que la mayor cantidad de personas conozcan todos los pequeños actos cotidianos de bondad de los que seas testigo.

 

Todos los comentarios son bienvenidos. Y si lo que leíste te pareció interesante te agradezco que compartas en tus redes. 

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Padre, hijo y un cappuccino

Los niños aprenderán a hacer lo que ellos quieren aprender a hacer. 

– Arthur C. Clark

Hace unos días Sergio Venuto, un amigo brasilero, compartió un video y lo acompañó con un texto que cualquier adulto que convive con niños pequeños debería tener en cuenta.

El video nos presenta a un padre y a su hijo preparando un cappuccino de manera profesional. El idioma del video es el inglés y también está subtitulado en ese idioma. Sin embargo, estoy segura de que aunque no hables inglés vas a poder apreciar la actividad e imaginar lo que conversan. Antes de seguir leyendo, te invito a que veas el video.

https://www.youtube.com/watch?v=nsbZjFBKmUQ

Imagen_video_cappuccino

Hacer juntos

¿Te gustó? ¿Qué te pasó cuando lo viste? De mi parte, apenas terminé de verlo y de leer el comentario que agregó Sergio me dije: “esto merece un post en el blog”.  Según Sergio, no hacía falta su permiso para publicar lo que escribió, porque estaba allí para el dominio público. Sin embargo, quiero agradecerle, porque así funciona el conocimiento: si él no hubiera abierto el juego yo no estaría escribiendo esto en este momento. Como dice David Perkins, pensar y conocer no son actividades que se realizan en solitario, se trata de “la persona-más”.

Estas son las reflexiones de Sergio:

1 – La vivencia del hijo con la familia en las actividades diarias, en el trabajo…

2 – El aprender a partir del simple hecho de poder hacer cosas juntos. Esto vale para el preparar un café y para cualquier otra actividad. De aquí la relevancia del alterdidactismo (aprender con otro).

3 – Cuanto más participan los chicos en nuestras actividades, más se adaptarán los espacios en que viven para que ellos puedan hacer más cosas y con más seguridad. De este modo, se vuelven partícipes del proceso creativo de cómo el lugar pude llegar a ser. Es un círculo virtuoso que minimiza/elimina la barrera de “eso no es para los chicos, eso es para el adulto”.

4 – Las relaciones humanas cambian profundamente en ambientes donde los chicos conviven con nosotros. Llegamos al punto de llegar a tener miedo de tener hijos por no saber cómo cuidar de ellos! Cuanta más convivencia, menos se teme.

5 – En este tipo de ambientes, los niños nos invitan a rever los “apúrate”, “la agenda de los padres” (en la que pautan compromisos sin considerar la inclusión de los chicos en sus elecciones) y “la agenda de los chicos” (con actividades reguladas y que no les dejan tiempo libre para fluir de acuerdo a su propia voluntad), “la gentileza”, “el cuidado del otro”, “el tiempo para el otro”, etc., etc., etc.

Por lo tanto, mis amigos, quién sabe si este video pueda no solo tocar sus corazones por su belleza intrínseca, sino que también pueda incentivarlos a revisar sus lugares de trabajo, sus hogares y los ambientes que frecuentan de modo tal que puedan contemplar las actividades de los chicos. Quién sabe, quizás el desorden y la tercerización de la crianza puedan llegar a ser profundamente resignificados. ¡Todos agradecidos!

Hemos corrido a los niños de la vida cotidiana.

Eso no es bueno. Cuando son pequeños, todos los chicos del mundo juegan a que son el papá y la mamá, en casa o en el trabajo o donde sea que nos ven. Nos clonan todo el tiempo y aprenden de qué se trata la cultura en que viven y cómo se vive en ella.

Rudolf Steiner decía que la actividad principal en los primeros años de vida es imitar, motivo por lo cual recomendaba no enviar tempranamente a los chicos al jardín de infantes, sino que debían permanecer en familia participando de todas las actividades diarias. Hasta no hace demasiado tiempo, en Argentina, el jardín de infantes iniciaba formalmente a los 4 años. Antes de esa edad, los chicos estaban en casa, iban a la plaza o jugaban con parientes y niños vecinos.

A pesar de las necesidades laborales, las complicaciones de vivir en ciudades grandes o de los compromisos sociales, Tienes que hacerte tiempo para estar en casa y compartir y disfrutar haciendo con tu hijo o hija lo que sea que haya que hacer. Te cuento que no son actividades de segunda categoría, son muy importantes. Por esto, debes evitar ‘burocratizarlas’ y relegarlas al estatus de “lo que hay que hacer y terminar rápido” para pasar a otra cosa.

Por ejemplo, no vayas a comer afuera. Ir a un restaurante no reemplaza el cocinar juntos, jamás. No se trata de salir o de comer, se trata de lo que sucede cuando hacemos las cosas juntos: charlamos, hacemos bromas, aprendemos cómo lo hacen otros, inventamos… Eso es lo que más desean los hijos y así es como se sienten incluidos y aprenden lo que necesitan saber para vivir sus vidas y cómo es una vida buena, que es la vida que se con-vive.

El currículo de la familia

El 31 de enero de 1991 John Taylor Gatto recibió el galardón de Maestro del Año de Nueva York. Este premio le fue otorgado durante tres años consecutivos. En esa ocasión pronunció su famoso discurso ¿Por qué la escuela no educa?  Si ponemos atención al año en que Gatto decía lo que dijo, no nos cabe ninguna duda de que no estoy inventando la pólvora con lo que escribo. En un momento de su disertación esto dijo:

La familia es el principal motor de la educación. Si utilizamos la escolarización para separar a los niños de sus padres – y no nos confundamos, esa ha sido la función central de las escuelas desde que John Cotton lo anunció como el propósito de las escuelas de Bay Colony en 1650 y Horace Mann lo declaró como el propósito de las escuelas de Massachusetts en 1850 – vamos a continuar con el espectáculo de horror que tenemos ahora. El currículo de la familia está en el corazón de cualquier buena vida, nos hemos alejado de ese currículo; es hora de volver a el. La forma de devolver la salud a la educación es que nuestras escuelas se liberen del dominio absoluto de las instituciones sobre la vida familiar, es promocionar durante el tiempo de escolarización confluencias de padres e hijos que fortalezcan los lazos familiares.

Hay familias donde todos aprenden a vivir buenas vidas y hay familias que son un horror. La familia no garantiza nada por sí misma. Pero para quienes estamos interesados en mejorar el manual de ser familia que aprendimos de nuestros padres, el video y los comentarios de Sergio Venuto son una inspiración, sin dudas. Yo me inspiré, espero que vos también.