Los límites existen porque convivimos

En Familia, todos juntos

… para el individuo educado en la cultura occidental es difícil ver más allá del individuo. Estamos educados en una preferencia tanto ética como estética por la autodeterminación individual.
S. Minuchin y C. Fishman (2006)

El encuentro con el otro

Como la luz y la oscuridad no existen una sin la otra y son una unidad polar, el tema de los límites resulta paradojal: el límite cobra relevancia, siempre, en el encuentro con el otro. Para poder relacionarme debo reconocer mi límite y mi diferencia. Es parte inherente del proceso dialógico del encuentro entre un “yo” y un “tú” que se constituyen mutuamente, sin confundirse y a la vez relacionándose.

Esta es una idea fundamental en el tema de los límites. En el marco de las relaciones familiares y escolares, se debe comenzar por reconocer que ese niño, esa niña o ese joven existen y son diferentes de mí tanto como que yo soy diferente de ellos. Decirlo y actuar en consecuencia implica un largo trecho intelectual, emocional y espiritual.

No hay vivir que no implique convivir

Desde que la humanidad existe, unirse para coexistir es el motivo esencial que impulsa toda suerte de formato social. Con mejor o peor resultado, usted habrá crecido con la ayuda de personas que le proporcionaron algún tipo de sostén, cuidados y apoyos básicos,  Con el paso de los años, habrá experimentado cómo, entre todos, iban desarrollando variados modos de coordinar sus acciones con el objeto de garantizar distintos grados de satisfacción de intereses y necesidades, comunes e individuales.

Ya como adulto, es improbable que usted viva y se desenvuelva siempre en soledad. Resulta absolutamente necesario contar y gozar de momentos de soledad e intimidad, pero esta situación nunca será una condición permanente. Aun en el caso de trabajar por propia cuenta y en su propio hogar, alguna vez requerirá de los servicios de alguien para arreglar algo y deberá convenir algunos acuerdos mínimos con el proveedor del servicio. Inmediatamente se habrán constituido espacios de derechos y obligaciones claramente limitados (por la costumbre y las leyes) como el día y hora de visita y el precio que su proveedor cobra y usted está dispuesto a pagar a cambio de determinada prestación y no otra.

La vida es vida de relación

Desde que nacen, las personas se desenvuelven y desarrollan como miembros de una red de vínculos confiables. Cuando quedamos desconectados de la relación con los demás perdemos las ganas de vivir. En el marco del tratamiento del tema de los límites, diremos que madurar implicará, básicamente, aprender a reconocer dos cosas: que los demás también existen y que si no estuvieran, sería imposible sobrevivir, así de simple.

Esto implica pensar en relaciones de colaboración y de bien común más que de sujeción y competencia. Los hijos y los estudiantes que tienen dificultad para reconocer y aceptar la existencia de límites tienen una fuerte incapacidad para desarrollar entendimiento y consideración por los demás. Entienden la vida como un espacio de estrellato o pugilato personal, como un reality show donde sólo se juega la farsa del juego del poder, sin ver que el que gana ha quedado irremediablemente solo y, con el pasar de los días, será también olvidado.

 

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¿Qué vas a hacer cuando seas grande?

Hombre develando el futuro

Un deseo es una monedita lanzada al futuroEl deseo cumple una función de enlace: integra la experiencia presente con el futuro, donde reside su cumplimiento, y con el pasado, que culmina y se compendia en él.

Irving y Miriam Polster (1985)

Ahora voy a estudiar música

Durante un taller para familias, una mujer contó la historia de un muchacho que, apenas se recibió de médico que fue con sus padres y les dijo: “Ahí tienen mi diploma, ahora me voy a estudiar música”. Y nunca jamás ejerció la medicina. Más que una anécdota, esto es una tragedia. Imaginen el esfuerzo y los años de vida que perdió para poder sentirse con derecho a estudiar y hacer lo que quería.

Cabe que nos preguntemos también ¿sobre qué tipo de creencias acerca de la crianza se habrán apoyado sus padres a la hora de imponer semejante sentido de obligación en su hijo? Cuesta imaginar las cosas que le habrán dicho para convencerlo de postergar su deseo más profundo. No hay nada de amor en la voluntad de control.

Yo misma soy una de esas hijas que querían ser bailarina primero, pintora después y terminé siendo maestra, qué horror. ¡Maestra! ¡Con lo espantoso que fue mi etapa de alumna de primaria! En mi experiencia de aquella época, si había personas con cero mísitca habían sido mis maestras (excepto una). Pero hay que pensar en el futuro, decían mis padres, la pasión es para después (qué tristeza), para cuando ya se tuviera dinero y seguridad. ¿Conocen personas excelentes y creativas y proactivas haciendo cosas que no aman? Creo que eso no existe.

Esa experiencia solo me trajo me trajo inseguridad respecto de mí misma y de la validez de mis elecciones. Gracias a Di-s a veces tenemos la oportunidad de cruzarnos con ese evento que parece intrascendente, pero que termina poniéndole una bisagra a la vida y lo cambia todo. Así fue cuando conocí la Expresión Corporal, justo en sus inicios, y retomé mi rumbo más querido. De ahí en más todo fue para mejor. No fue rápido, pero siempre para mejor.

“Animarse a andar en bolas”

En la vida de todos hay momentos en que entramos en detenimiento, como si nos pulsaran un botón de pause. Son momentos en los que ya no sabemos bien lo que queremos ni como seguir. Continuamos rutinariamente con nuestras tareas, en automático, y aunque no vemos exactamente ni-dónde-ni-cómo-ni-cuándo, en el fondo, sabemos que la cosa está empezando a ir para otro lado.

Todo lo que vengo escribiendo hasta aquí me surgió hace unos días, cuando vi una inspirada presentación de Lala Pasquinelli en la que comparte una poderosa cita de Fernando Pessoa, punto de partida de un cambio de perspectiva que habría de influir profundamente en su vida:

Hay un tiempo en el que es preciso abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo, y olvidar nuestros caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares…

Es el tiempo de la travesía: y si no osamos hacerla, quedaremos, para siempre, al margen de nosotros mismos…”

Te invito a ver su charla haciendo clic aquí

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No sé y Por ahora

Lamentablemente, estos detenimientos de los que hablaba más arriba suelen suceder durante la adolescencia y, quizás no por casualidad, en el momento en que la familia y el calendario escolar (no el vital) les pide a los hijos y a las hijas que tomen decisiones que atañen a su futuro. Muy mal momento, porque como dice Lala, están bastante incómodos con las ropas que llevan y sin saber todavía cuáles quieren ponerse.

Y cuando esto pasa, los padres enloquecen y hacen todo lo contrario de lo que deberían hacer: preguntan, insisten, opinan… Cuanto más presión les ponen a sus hijos e hijas, más bloqueo. Y de ensimismados, soñadores y un poco en bolas pasan a deprimidos y enojados, porque al no poder encontrar la respuesta que todo su entorno les dice que deberían tener comienzan a sentirse fallados, que algo anda mal con ellos.

Aquí es donde adoré y decidí transformar en premisas las dos formas de responder al futuro (siempre incierto) que Lala adoptó para sí misma:

Aprende a soportar que tus hijos e hijas se queden quietos y digan “no sé” cuando realmente no saben

Y dado que nadie nada dos veces en el mismo río, hazles saber que aquello que les pueda ir apareciendo que les de un sentido significativo a sus vidas, siempre es un “por ahora”.

No obliguemos a nuestros hijos e hijas a dirigirse a ningún puerto cuando todavía no tienen la brújula interna que les brinde alguna pista del lugar al que quieren ir. Dejemos que se sumerjan tranquilos en las aguas inquietas de sus todavía difusos deseos. Solo así, entre los “no sé” y los “por ahora”, podrán darse cuenta en donde se sienten más cómodos.

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Los castigos no ayudan

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“La solución a los problemas de los adultos de mañana depende en gran medida de cómo nuestros hijos crecen hoy.”

Margaret Mead

Existe la creencia generalizada acerca de que aplicar castigos es un recurso eficiente a la hora de remediar “un supuesto impulso psicológico que sería la causa por la cual alguien actúa mal”. Siempre me sorprende la persistencia de esta idea, la fuerza con que está arraigada en la sociedad, a pesar de que la realidad siempre ha demostrado su inutilidad, más bien empeora las cosas. Vean, por ejemplo, lo que sucede con los niños, las niñas o los/las jóvenes que entran los institutos de menores o al sistema carcelario.

Por este motivo, me entusiasmó compartir aquí el aporte de un artículo escrito por Jared Keller  titulado Unhelpful Punishment (La inutilidad del castigo) que aporta referencias neurocientíficas que respaldan la idea de las desventajas del castigo.

Estrés tóxico

El 3 de mayo de este año, un grupo de investigadores y educadores, reunidos en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, argumentaron que ciertas conductas problemáticas pueden ser el resultado de una respuesta biológica profundamente arraigada en lo que designan como estrés tóxico y que los intentos de controlar esas conductas con más disciplina y castigo sólo empeora las cosas: se suma más estrés a un sistema de por sí estresado.

El artículo original sólo alude a la situación de niños, niñas y jóvenes pobres que asisten a las escuelas públicas de los EEUU. De mi parte, al margen de que la pobreza es, sin duda, un factor que puede incrementar la fragilidad del sistema relacional que lo provoca, considero que las condiciones que describen pueden darse en todo tipo de contexto económico/social,.

¿Cómo se origina el estrés tóxico?

Esta condición está asociada a lo que denominan como experiencias infantiles adversas  (ACEs, por sus siglas en inglés) tales como el abuso o el maltrato físico y emocional, el abandono, la enfermedad mental de los padres o una estructura familiar inestable.

Trabajos recientes han demostrado que la persistencia de estas experiencias adversas (como consecuencia de los estados de pánico, depresión y ansiedad que atraviesan) no solo afectan a la salud emocional y mental sino que también producen trastornos a nivel biológico. No se trata del estrés relacionado con lo que coloquialmente se relaciona con ‘situaciones difíciles’.

¿A qué se alude cuando se hable del estrés tóxico?

El estrés tóxico es un término más clínico para aludir a la confluencia de consecuencias orgánicas y psicológicas como resultado de una constante e implacable avalancha de experiencias traumáticas. Como lo explica Keller,

cuando las hormonas del estrés, como el cortisol, permanecen persistentemente elevados durante demasiado tiempo, el tamaño y la arquitectura neuronal de la amígdala cerebral, el hipocampo y la corteza prefrontal comienzan a cambiar rápidamente, afectando comportamientos importantes como la función ejecutiva, la memoria y las respuestas emocionales.

El artículo sugiere que es fundamental asumir la gravedad del estrés tóxico, dado que la agobiante tortura emocional y física en que viven algunos niños y niñas termina cobrándole su fortaleza al sistema inmunológico, debilita la atención y transforma la arquitectura del cerebro humano. Se manifiesta en la forma de déficit cognitivo, trastornos emocionales, problemas de aprendizaje, junto con la multitud de disfunciones conductuales.

De acuerdo a minuciosos estudios realizados por el Dr. Jack Shonkoff y Deborah Phillips en su estudio “From Neurons to Neighborhoods“ (Desde las Neuronas hacia los Vecindarios)

El comportamiento escandaloso en las clases escolares entre los estudiantes de bajos ingresos – desde la intimidación compañeros de estudios hasta el desafío agresivo a las figuras de autoridad – puede ser menos una llamada de atención y más el resultado probable de una transformación neurobiológica.

Por lo tanto, sepamos que imponer disciplina en las escuelas en base a castigos solo intensifica las tensiones en un organismo con poco resto para soportarlas. Según la investigación, el cerebro conserva una importante plasticidad durante los primeros años de vida y esto le brinda al organismo un cierto nivel de resistencia neurobiológico a la hora de enfrentar dificultades. Pero cuando los niños, las niñas y los jóvenes que padecen estrés tóxico se encuentran en la necesidad de enfrentar “un ambiente escolar draconiano se apaga cualquier esperanza de un respiro neurológico a los problemas en sus casas”.

Desarrollarse como persona

Queda claro, entonces, que el castigo escolar no hace más que retroalimentar un círculo vicioso: replica las condiciones de producción tensión e incrementa sus consecuencias negativas:

Los estudiantes etiquetados por sus maestros con la marca de las ‘manzanas podridas’ encuentran seriamente disminuidas sus oportunidades para transitar un entorno neurobiológico sano, dando lugar a situaciones que solo sirven para perpetuar su experiencia de estrés tóxico y, a su vez, su comportamiento no deseable.

Cuando los educadores no incluyen la idea de que un arrebato puede ser una respuesta incontrolable al trauma y aplican sanciones, refuerzan la idea de la mala conducta como una falta moral o personal. Estas situaciones tienen el agregado de ser vergonzantes, y los estudiantes se ven expuestos de manera humillante ante su comunidad de pares y ante las figuras de autoridad, creando también las condiciones para la producción del chivo (o los chivos) expiatorios de la clase y el bullying.

Al reforzar un entorno de vergüenza y fracaso los profesores, con demasiada frecuencia, agudizan aún más la espiral de estrés tóxico que comenzó en el hogar bajo la suposición de que, en fin, él es un “mal chico”.

Y todavía más – “Un niño expuesto a estas tensiones no está predestinado a tener una vida difícil”, dice la doctora Mary Bassett, … El problema es que “la salud pública está demasiado enfocada sólo en la ‘supervivencia de los niños’. Un niño necesita no sólo sobrevivir, sino desarrollarse.”

¿Qué hacer?

Sumando mi experiencia a lo sugerido en el artículo, estas son algunas acciones posibles para contrarrestar los efectos del estrés tóxico en los niños y las niñas que lo padecen y para todos los estudiantes, porque el castigo no le sirve a nadie y porque todo niño o niña que asiste a la escuela se merece este tipo de trato y contexto.

  • En primer término, que haya un cambio importante en la conversación en torno a la mala conducta.
  • Reconocer que la raíz profunda de este problema va más allá de solo cuestiones psicológicas.
  • Generar contextos de seguridad emocional y confianza mediante una fuerte empatía emocional.
  • Sostener un ambiente positivo y nutritivo acompañado de claros mensajes de reconocimiento.
  • Asesoramiento individual para los estudiantes con problemas de relación y terapia de grupo pequeño para ayudar a reforzar las habilidades sociales y la estabilidad emocional.
  • Contar con trabajadores sociales involucrados en las aulas que puedan concentrarse en la restauración de las función ejecutiva – esencialmente, para dar tiempo a las siempre plásticas partes del cerebro debilitadas por el de estrés tóxico para reiniciar el sistema y aumentar la resiliencia frente los desafíos que enfrentan en el hogar.

Educadores que hacen la diferencia

No siempre sabemos lo que los chicos viven en sus hogares. Los padres que maltratan no lo cuentan. La intensidad de los problemas hogareños no siempre nos llega claramente. Lo que los educadores sí vemos es el efecto de lo que probablemente estén padeciendo los chicos y las chicas en casa y nos invade un compasivo deseo de ayudar.

Aquí quiero decir que no podemos cambiar la vida entera de los chicos, pero sí podemos cambiar y mejorar lo que sucede en la escuela, cambiar la manera en que pensamos la vida en las escuelas, lo educativo y nuestra manera de hacer las cosas. Y vale la pena intentarlo. Durante mis años de trabajo he visto a una enorme cantidad de personas que, siendo estudiantes, tuvieron la bendición de cruzarse con algún profesor/a o maestro/a que, gracias a su trato, sus propuestas de trabajo y sus palabras, les aportaron un reflejo bien diferente, ampliado y hasta mejorado de sí mismos e hicieron enormes diferencias en sus vidas.

Invito a quienes hayan tenido maestros o profesores que hayan hacho una diferencia beneficiosa en sus vidas las compartan en sus comentarios.

Los 7 pecados contra la infancia – Dr. Daniel Becker

Daniel_Becker

El verdadero carácter de una sociedad se revela en el trato que da a los niños. 

~ Nelson Mandela

Esta cita de Nelson Mandela fue la elegida por el Dr. Daniel Beckerpara introducir la magnífica charla TEDxLaçador durante el mes de mayo pasado en la ciudad de Porto Alegre de Brasil. Allí planteó la paradoja de lo que sucede en su país:

Nuestros hijos son lo más precioso, queremos el bienestar de ellos a cualquier costo, daríamos nuestra vida por ellos. Sin embargo, nuestros chicos están siendo muy maltratados por la sociedad. En verdad, esto exige una reflexión, exige que pasemos a proponer cambios.

Si pensamos en los chicos más pobres de Brasil, que son la mayoría, de acuerdo con los criterios de Mandela tenemos un pésimo carácter, pues les negamos a ellos derechos básicos, como salud, vivienda, educación, alimentación, los tratamos con violencia y, si ellos se rebelan, ofrecemos a ellos la prisión.

Durante la charla se refirió a los 7 pecados capitales que estamos cometiendo contra la infancia. Pecados capitales que afectan tanto la vida de los chicos pobres como la de los ricos.

1 – Privación del nacimiento natural y del amamantamiento.

La cultura de la cesárea hizo que las mujeres lleguen a creer que el parto normal es la cesárea y que el parto normal es nocivo, doloroso, peligroso. Esto genera muchos males a las criaturas.

Lo mismo sucede con el amamantamiento materno. “La mujer quiere amamantar a su criatura pero, muchas veces, se ve que a los dos meses ya ha sido destetada.” Se ha llegado a pensar que la leche materna es lo mismo que las fórmulas para mamadera. Dice Daniel Becker: “Esto sucede, en gran parte, por causa del nombre que elige la industria para sus marcas: ‘Pro’, ‘Premium’, ‘Supreme’, y por la publicidad que realizan con los médicos. ­­En argentina es ‘Premium’, ‘Nutrilon’, ‘Vital’, ‘Pro’. Como ven, se trata de los mismos fabricantes y operan con idénticas estrategias de marketing.

2 – Tercerización de la infancia.

Los padres disponen de muy poco tiempo por motivos laborales y compromisos de diverso tipo. Por este motivo, los niños están siendo dejados en jardines maternales o al cuidado de niñeras.

Y pierden un tiempo que es maravilloso: la convivencia con los hijos. Los niños pierden la convivencia con las personas más importantes de su vida. La convivencia es aquello que nos enseña la intimidad, la capacidad de estar junto, el amor, la experiencia de estar cuidado por alguien, la sensación de conocer profundamente a alguien.

3 – Intoxicación de la infancia.

Como los padres tampoco tienen tiempo o disposición para cocinar, cambian la comida nacional brasilera, que es muy saludable, por comida chatarra, rica en grasas, sal y azúcar, que viene de la comida industrializada y congelada. “La obesidad y la diabetes están estallando en la infancia.” Dice que están “adictas” a ese tipo de comidas e “incapacitadas” para comer comida saludable.

4 – Confinamiento y distracción permanente.

Los padres tienen miedo de dejar salir a los hijos y pasan hasta 8 horas por día conectados a aparatos electrónicos. Este confinamiento impide que ellos tengan un momento de conciencia, de vacío, de tedio.

La distracción permanente impide momentos de conciencia, de vacío. El tedio es fundamental en la infancia. Porque el tedio y el vacío son la cuna de aquello que es más importante para nosotros: la creatividad y la imaginación. Y nosotros estamos amputando esto de nuestros hijos.

5 – Mercantilización de la infancia y consumismo infantil.

Los chicos están expuestos a 4 horas de publicidad por día. Los chicos son masacrados por la publicidad, por los valores del consumismo y son “más expertos por lo que reciben de la publicidad de lo que reciben de parte de los profesores. El fin de semana no van al parque, van al shopping … Y esa publicidad es cobarde, explota la incapacidad de los niños para distinguir entre fantasía y realidad, explota el amor que tienen por los personajes haciendo que se enamoren de productos tóxicos y que adopten valores como el consumismo obsesivo, la hiper-valorización de la apariencia, la frivolidad.” Y la publicidad que apunta a los adolescentes va a desembocar en el consumo de alcohol.

6 – “Adultización” y erotización precoz de la infancia.

Gran parte de los niños pasan sus vidas con una agenda llena de compromisos dado que sus padres desean que sean muy competitivos y adultos exitosos. Con ironía, agrega que “para relajarse de ese estrés precisan, además, de una hora de meditación.” Entonces pregunta al público –en tanto acompaña lo dicho con un balanceo–, si acaso no sería muy bueno que estuvieran en la plaza y hamacándose: “mira el cielo, mira el suelo… mira el cielo, mira el suelo”.

Al fenómeno de la “adultización” se agrega “una erotización que usa a las niñas de 7 ú 8 años para vender productos de moda; una erotización basada en el machismo, una identificación de las niñas y de las mujeres en la valorización excesiva de la apariencia y, peor, una disociación de la sexualidad del amor y del afecto. Esto les llega directamente a las niñas, deformando sus cabezas cuando tienen 8 o 10 años.”

7 – Entronización y sobreprotección de la infancia.

Otra vez más, con ironía, Daniel Becker comenta que pareciera que los padres le tienen miedo a los hijos: ellos pasan a ser los reyes de la familia y no miembros de ella. Los padres imaginan que su ausencia puede ser compensada siendo permisivos. Hace un juego de palabras diciendo que le dan a los hijos “presentes en lugar de presencia” y terminan perdiendo autoridad (presente en portugués significa regalo).

Los padres se interponen entre la experiencia de los hijos y el mundo haciendo lo que ellos quieren; no tienen experiencia de la vida y, por lo tanto, no desarrollan mecanismos para enfrentar la frustración, el dolor y las dificultades. Ciertamente, el mundo se las va a entregar a ellos más tarde.

Así las cosas, los niños y niñas se vuelven pendencieros, obesos, enfermos, les va mal en la escuela, hiperactivos. No pueden concentrarse y, para arreglarlo, cometemos el peor de todos los pecados: La medicalización de la infancia.

 

El tiempo y el espacio, las variables para el cambio

Como forma de enfrentar estos pecados el Dr. Daniel Becker propone una solución que pasa por realizar cambios sobre estos dos factores: tiempo y espacio. En el caso del tiempo, sugiere que los padres estén presentes en la vida del hijo en por lo menos 10% del tiempo en que están levantados. En un cálculo general, esto representa 1,40 hora por día de dedicación a los hijos.

En relación al espacio, la sugerencia es la de estar cerca de la naturaleza. “La convivencia con el espacio abierto va a apartarlos de las pantallas, va a reducir el consumismo y el materialismo excesivo, va a promover el juego libre (el que, al mismo tiempo, va a generar inteligencia, humor y creatividad), va a generar convivencia entre las familias, va a promover el contacto con el aire, el sol y el verde, y va a reducir todos los problemas de la infancia.”

* Daniel Becker es un Médico Pediatra Brasilero, especialista en homeopatía y Master en Salud Pública, en el área de promoción de la salud. Fue pediatra de la organización Médicos Sin Frontera en campos de refugiados en Asia y en 1993 fundó el CEDAPS – Centro da Promoção da Saúde – (Centro de Promoción de la Salud), una ONG con fuerte actuación social en comunidades populares. Conferencista y consultor de órganos gubernamentales, empresas y organizaciones internacionales, trabajó en más de 23 países.

El altruismo no es opcional

Niños en bicicleta salvando a ET de la persecución de los burócratas gubernamentales

 

Austeridad, altruismo y autocontrol

Nos parece que podemos elegir entre ser egoístas o altruistas. Pero si examinamos la Naturaleza, encontraremos que el altruismo es una ley fundamental. 

Dr. Michael Laitman

¿De dónde me surge el tema del altruismo? En octubre del año 2004 estaba trabajando en el diseño de un taller para familias en el que conectaría el eje de la educación para el consumo con el de la educación en valores. Como parte del proceso de investigación sobre el tema, me di cuenta de que había tres valores que todo programa de educación para el consumo debería considerar: la austeridad, el autocontrol y el altruismo.

Pensando en lo poco claro que me resultaba a mí misma el concepto de altruismo -y lo olvidada que está en estos tiempos esta palabra- pensé que, probablemente, lo mismo podría sucederles a los padres y a las madres que iban a compartir conmigo la experiencia del taller.

Comencé entonces a rastrear en la web el tema del altruismo y di con un interesante y elegante artículo del R. Dr. Michael Laitman titulado “El altruismo no es opcional” del que transcribo algunos párrafos:

¿Podemos elegir entre ser egoístas o altruistas? 

Particularmente hoy día, el altruismo se ha tornado esencial para nuestra supervivencia. Se ha hecho evidente que todos nosotros estamos interconectados y dependemos uno del otro. Esta interdependencia ha dado lugar a una definición innovadora y precisa del altruismo: cualquier acción o intención que se origine en la necesidad de integrar la humanidad en una sola entidad es considerada altruista. Inversamente, toda actividad o intención que no se enfoque en unir a la humanidad es egoísta.


Nuestra oposición a las leyes de la Naturaleza es la fuente de todos los sufrimientos que presenciamos en el mundo. Y por ser el individuo el único que no las cumple, se puede concluir que es el único elemento corrupto dentro de ella.


El sufrimiento que vemos a nuestro alrededor no es únicamente el nuestro. Todos los demás niveles de la Naturaleza se ven afectados por nuestras actividades equivocadas. Si corregimos nuestro egoísmo transformándolo en altruismo corregiremos, por consiguiente, todo lo demás: la ecología, el hambre, las guerras y la sociedad en general.

Apasionarse por el bien común

Invito a pensar los espacios familiares y escolares, el lugar donde los niños conviven entre ellos y con los adultos, como lugares donde el altruismo materialice el lado viviente y amoroso de la red social.

Si por algo nos relacionamos es por motivos emocionales. La emoción que es eros, que sostiene las ganas de vivir y proyectarnos, se vincula con lo que nos apasiona y con la seguridad de estar siendo cuidados y considerados por quienes nos rodean. Apasionémonos entonces por el bien común, porque el altruismo lo hace realidad y todos salimos ganando. Como dice el Dr. Laitman:

Aunque pareciera que el único cambio que tenemos que hacer es considerar a los demás antes que a nosotros mismos, el altruismo, no obstante, trae consigo un beneficio adicional: Cuando pensamos en los demás nos integramos a ellos y ellos a nosotros.

Por esto mismo elegí una escena de la película de ET, El Extraterrestre (1982, dirigida por Steven Spielberg) para ilustrar este post. Esos niños construyeron para sí mismos una relación altruista, muy diferente de la cruel relación que los funcionarios de gobierno establecieron con ellos cuando descubrieron al niño extraterreste.

Ver a esa comunidad de niños humanos cargando al niño extraterrestre para ayudarlo llegar con su familia y ser ayudados luego a volar por el mismo niño a quien intentaban salvar de las garras de los burócratas me resulta un bello y elocuente ejemplo de una red altruista. ¿Quién lleva a quién?

Compartir no combina con competir

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Los niños comparten, los adultos compiten

Cuando comencé a escribir este post estaba un tanto enredada en el intento de conectar elegantemente las ideas que quería plantear. Decidí entonces hacer un rodeo y buscar la imagen para el encabezado.

Escribí la palabra compartir en el buscador de Google y algo llamó mi atención. Para chequear mi hipótesis, hice la misma búsqueda en inglés (sharing) y sucedió lo mismo. En las dos ocasiones, en estilo y contenido, las imágenes que predominaban al principio de la búsqueda se relacionaban con la infancia.  Sólo al bajar comenzaban a predominar imágenes relacionadas con la vida adulta.

Para avanzar en la hipótesis que estaba barajando, hice una búsqueda con la palabra competir en español e inglés. Sucedió al revés. Al inicio, las primeras opciones que me ofrecía el buscador apuntaban al mundo de los adultos y en menor proporción las destinadas a la infancia.

Hoy sabemos que los buscadores de internet ofrecen prioritariamente aquello que el público elige o utiliza con más frecuencia. Por lo tanto, podemos concluir que ponemos mucho esfuerzo en la virtud de compartir durante la infancia y que, a medida que crecemos, es la competencia la que va predominando como valor.

Compartir es bueno 

El origen de esta entrada del blog fue una publicación de Javier Martínez Aldanondo, Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria titulado Si no lo vivo no lo creo.  Allí, el autor refiere que el conocimiento es un intangible, lo reconocemos sólo por sus efectos. En el ámbito empresario, esto trae como consecuencia la dificultad para comunicar el beneficio de compartir el conocimiento entre los miembros de las organizaciones. Al respecto relata:

Semanas atrás, un cliente nos solicitó una actividad para que sus principales directivos pudiesen experimentar el impacto de gestionar el conocimiento. En el mundo del management y de las empresas, argumentar la valía de los intangibles no sirve. Es imprescindible demostrarla. […] De forma que para responder a la demanda de nuestro cliente, le propusimos una experiencia que garantiza comprobar la relación entre la gestión del conocimiento y la mejora del desempeño de las personas.

Cuando se habla de la gestión del conocimiento se alude a distintos tipos de actividades que permiten visibilizar y compartir lo que las personas de una organización saben. Así, todos pueden aprender de otros la mejor manera de hacer lo que hacen bien o encontrar, de manera colaborativa, la mejor manera de abordar problemas y crear las mejores soluciones para resolverlos.

Cuando se habla de la gestión del conocimiento se alude a distintos tipos de actividades que permiten visibilizar y compartir lo que las personas de una organización saben.

Valoro enormemente las experiencias de Gestión del Conocimiento porque aportan aprendizajes que favorecen cambios beneficiosos y profundos a la cultura del diálogo y la convivencia.

Compartir es cosa de héroes

En la línea de mi comentario al post de Martínez Aldanondo en Linkedin, considero que si el compartir conocimiento hubiera estado presente como práctica cotidiana en todos los ámbitos de nuestra vida desde que éramos niños y niñas, no habría demasiado que explicar a la gente del mundo empresarial.

En tanto la dinámica interaccional de las organizaciones esté regulada sobre un formato jerárquico (centralizado, vertical), por más tangible que se haga la ventaja de compartir, las resistencias a ello habrán de prevalecer. Desde el punto de vista de los intereses corporativos, el conocimiento tiene una ventaja estratégica para la empresa diferente de la que tiene para los empleados en términos personales.

El tope de la pirámide lo ocupan individuos, no grupos. Empresa y empleados no piensan el conocimiento de la misma manera porque no les conviene. Para los empleados, compartir el conocimiento no suele ser rentable. Diferenciarse para mejor y saber más que el otro es premiado, mientras el que comparte es un idiota, porque no asciende.

Martínez Aldanondo refuerza mi comentario cuando responde que

En efecto, las estructuras verticales no facilitan los procesos de intercambio y el flujo de conocimiento al interior de las organizaciones.

Los incentivos casi siempre premian el rendimiento individual y rara vez están puestos en la colaboración y en contribuir a mejorar el desempeño de otros individuos, equipos o áreas.

Ahora bien, el germen de esta cultura individualista hay que buscarlo en un sistema educativo que desde el inicio obliga a los niños a competir encarnizadamente entre si por las notas y los rankings. A partir de ese instante, colaborar y compartir conocimiento deja de ser una posibilidad y pasa a ser un acto heroico... (el resaltado es mío)

La cita anterior muestra con claridad lo que sucede al interior de las escuelas. En el ámbito educativo  se habla mucho de trabajo en equipo, de diversidad, de que el error es importante o de inteligencias múltiples. Pero “a la hora de los tantos”, lo que importa es el boletín. Y el boletín no entiende de grupos ni de diversidades. Así, el compartir va siendo cosa de idiotas o, como de manera más elocuente lo dijera Martínez Aldanondo, de héroes.

 

Es bueno que los chicos se arriesguen

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awayo_iso_16x16 copyMenos control y mejor convivencia

Más temprano estuve leyendo un post que comentaba los beneficios de abandonar las relgas para el momento del recreo en las escuelas.

Eliminar el libro de reglas de juego en los recreos de una escuela de la ciudad de Auckland, Nueva Zelanda, tuvo efectos increíbles sobre los niños. Aunque quienes tomaron la iniciativa imaginaron que reinaría el caos, quedaron gratamente sorprendidos al notar que su profecía no se cumplía. Por el contrario, como dijo Bruce McLachlan, director de la Escuela Primaria Swanson

La escuela está realmente viendo una caída del bulling (intimidación), lesiones graves y vandalismo, en tanto que los niveles de concentración en clase van en aumento.

Esta decisión se tomó en el marco de  un exitoso experimento universitario. La Escuela Swanson se inscribió para un estudio en la AUT (Auckland University of Technology) y la Universidad de Otago. Este estudio se llevó a cabo durante dos años con el objeto de fomentar el juego activo.

awayo_iso_16x16 copyMenos control y más seguridad

Lo que se vio durante la experiencia es el lado inconveniente del exceso de prevención de los riesgos en el el patio de juegos de las escuelas. Como comentara el Director en el artículo mencionado:

“Queremos que los niños estén seguros y cuidar de ellos, pero terminamos envolviéndolos en algodones cuando en realidad deberían ser capaces de caerse.”

Agrega  que dejar que los niños se pongan a prueba a sí mismos en una moto [supongo que se trata de algo parecido a los triciclos] durante el recreo podría hacerlos más conscientes de los peligros antes de que estén detrás del volante de un coche en la escuela secundaria.

El Director llevó el experimento más allá de la idea inicial y anuló por completo el reglamento de juegos y, como corolario, tanto la escuela como los investigadores se vieron sorprendidos por los resultados.  

Los juegos con tierra, con patinetas, los juegos de empujones y las trepadas a los árboles mantuvieron a los niños tan ocupados que ya no se hizo necesaria un área de separación para los revoltosos o un montón de profesores vigilando.

Los niños usaron su imaginación para jugar en un espacio de cosas perdidas que contenía basura de madera, neumáticos y una manguera de bomberos vieja.

“Los niños estaban motivados, ocupados y comprometidos con lo que hacían. En mi experiencia, el momento en que los niños se meten en problemas es cuando no están ocupados, motivados y comprometidos. Es durante este tiempo que intimidan a otros niños, hacen grafitis o destrozan cosas alrededor de la escuela.”

El artículo agrega que los padres también estaban contentos a causa de que sus hijos estaban contentos.

“La gran paradoja de los niños envueltos en algodón es que en el largo plazo resulta más peligroso. “

… la obsesión de la sociedad con la protección de los niños no tiene en cuenta los beneficios de la toma de riesgos.

Los niños desarrollan el lóbulo frontal de su cerebro al tomar riesgos, lo que significa que se entrenan para pensar en las consecuencias. “No se les puede enseñar eso. Tienen que aprender sobre los riesgos en sus propios términos. Eso no se desarrolla mirando televisión, tienen que salir afuera.”

awayo_iso_16x16 copyMenos control y más autonomía

Durante todo el año 2003 trabajé coordinando talleres para familias en 3 escuelas, dos en la Provincia de Buenos Aires y una en la ciudad de Córdoba. Fue un año de trabajo estimulante y rico, por la intensidad de las experiencias vividas y por el encuentro con personas  diversas y estimulantes.

En una de las escuelas venía trabajando desde el año 2002. Durante ese año pasaba 4 de los 5 días de la semana en ella. Sus autoridades habían delineado un sistema de control muy elaborado para la hora del recreo. Los niños recibían una serie de indicaciones y los maestros que tenían turno de estar en el patio tenían otras (por ejemplo, no podían distenderse  charlando entre ellos). La prioridad era el control. Sin embargo, la evidencia me decía que esto no servía para nada; los chicos se maltrataban, había montones de accidentes, no hacían caso de las indicaciones previas ni las que se les daban en el momento.

Siempre descreí del exceso de control. Por mi experiencia en orientación familiar ya sabía de cierto que lo único que garantizaba era el deseo de rebelión.

Para mi sorpresa, esta idea mía tuvo su confirmación en el año 2003, el día en que llegué por primera vez a la escuela de la ciudad de Córdoba. Un jardín de infantes al que asistían niños y niñas desde los 2 años de edad.

Como la directora estaba retrasada, me invitaron a esperarla en en un pequeño patio de juegos que me encantó. Un solo banco de madera donde me senté, una enorme Santa Rita llena de flores sobre una pared, derramando y avanzando sus ramas generosamente sobre el patio, y una hermosa hamaca de dos columpios casi en el medio. En la hamaca, niños hamacándose y alrededor, niños de todas las edades jugando.

En un instante pasé del encanto al terror. ¡Quién cuida aquí a los chicos! ¡Se pueden dar con la madera de los columpios en la cabeza! Todas las aprensiones de mi madre resonaron fuerte y claro en mi cabeza.

Por suerte para esos chicos, ya había leído algo acerca de la importancia y capacidad de auto-regulación de los sistemas vivos. También recordaba a  mi terapeuta y maestra Kita Cá machacándome sobre la disfunción del control y la supervisión. Entonces, tan rápido como entré en pánico, me relajé,  decidí no meterme y me dediqué a observar qué hacían los chicos.

¿Qué hicieron los chicos? ¿Qué habían aprendido en ese tiempo de vida en esa escuela con nada de reglamento y control para la hora del patio? Habían aprendido a cuidarse entre ellos. Cada vez que los más chiquitines se acercaban a las hamacas uno más grande los tomaba suavemente y los corría, cada vez que alguien se tropezaba, otro lo ayudaba y algún otro iba a buscar a algún adulto para que interviniera. Pero esto era ocasional, nadie, absolutamente nadie se pegaba. Una vez por mes llegaba a Córdoba y una vez por mes, siempre que podía, me dedicaba a observarlos. No fallaba, todo fluía sana y suavemente entre ellos.

Nunca olvidaré ese patio ni esa experiencia que confirmó, en la práctica, el valor de una independencia que valoro y que hoy reconfirmé con el relato de una lejana escuela de Nueva Zelanda.

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Gracias: Kita Cá, Augusto de Franco, Esko Kilpi y Fritjof Capra